Columnistas

Furia de río

Loading...
29 de noviembre de 2018

Por Norvey Echeverry Orozco
Universidad de Antioquia
Facultad de Periodismo, 5° semestre
Norvey.echeverry@udea.edu.co

Cada cierto tiempo, cuando los hombres se creen superiores a los pájaros por volar en aviones, parapentes o en globos aerostáticos, y a los topos por hacer huecos enormes, la naturaleza les recuerda que su existencia es tan frágil como el cristal que se estrella contra el suelo, llegan los ríos con mucha furia, con sus piedras, con su lodo, a recordarles que no son la única especie que tiene derecho para disfrutar del planeta. Que, así como los hombres, los pájaros, los cocodrilos, los marranos, los elefantes, las culebras, tienen el mismo derecho de apreciar un árbol, un río y un atardecer. De vivir sin miedo a ser cazados y a disfrutar el sentimiento que genera la libertad. Los humanos, en medio de su codicia, han sido la única especie capaz de contaminar con mercurio su propia agua, tan lejos han ido, que les gusta destruir su propia casa, la única que tienen.

Los hombres se han creído la especie superior. Primero, porque han tenido el descaro de secuestrar pájaros en jaulas, como si hubieran ellos causado algún delito grave más que cantar y volar; segundo, porque han puesto a saltar leones sobre aros de fuego; tercero, porque se creen inmortales al estar rodeados de concreto y latas de metal. Han masacrado toros mientras se han reído estúpidamente, como si el dolor de una tortura mereciera ser alabado con aplausos y demostraciones de felicidad.

Han hecho todo lo que les ha venido en gana. Lo del domingo, cuando se salieron de control varios ríos en la ciudad, sea en Copacabana o en la Iguaná, es lo mismo: están reclamando su espacio robado. Piden sus curvas, que no les enderecen su cauce con muros, porque se los llevarán. Les gritan a los hombres que no le tiren más basura a las cañadas, que, por favor, se propongan la meta de sembrar uno o dos árboles cada año. Que dejen la paridera desproporcionada de hijos, porque Medellín ya tiene demasiada gente para querer más. Se siente mal gastar papel, tumbando árboles, para poder difundir esta columna, pero, con total seguridad, entre los tantos lectores a los que les llega diariamente EL COLOMBIANO, algunos de ellos entenderán que es necesario sembrarle un árbol al planeta cada año, para tratar de remediar la inmensa huella ecológica que cada uno de nosotros le dejamos como herencia a esta humanidad.

*Taller de Opinión es un proyecto de
El Colombiano, EAFIT, U. de A. y UPB que busca abrir un espacio para la opinión
joven. Las ideas expresadas por los columnistas del Taller de Opinión son libres y de ellas son responsables sus autores. No comprometen el pensamiento editorial de El Colombiano, ni las universidades
e instituciones vinculadas con el proyecto.