Ganas de volver a creer
La Iglesia católica es blanco fácil para la crítica. Resulta aún más sencillo cuestionarla cuando hay quienes se empeñan en defenderla únicamente a través de la emoción, como si no fuera posible aducir argumentos racionales sobre ella como institución aglutinadora, y motor de cambio social.
La alocución inaugural en la Asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal a cargo de su presidente, monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, arzobispo de Tunja, superó el discurso protocolario para constituirse en una acción –de carácter político y de compromiso moral– arriesgada frente a la coyuntura del país. Es un llamado para quienes crecieron en la fe y siguen aferrados a ella, y para quienes la hemos perdido.
Después de haber participado en la ceremonia de la firma del cese al fuego y hostilidades, definitivo y bilateral, monseñor Castro concluyó que los acuerdos finales entre el Gobierno y las Farc serán apenas un paso inicial. Fundamentándose en la voz de los evangelistas y en hechos históricos, monseñor situó a Jesús en el centro de la discusión. Sin grandilocuencias, sin supersticiones, sin sermones.
¿Que Jesús era contracultura solo en su época? ¿Por qué estas palabras pasaron desapercibidas ante los medios de comunicación y la opinión pública?
En tierras de guapos, el discurso del perdón no vende...
Además de citar la no violencia en Jesús como respuesta al odio, el sacerdote vinculó su discurso al perdón: “No pedía arrepentimiento antes de perdonar. Él le dio la vuelta al orden vigente. Para él, primero estaba el perdón y luego, con frecuencia como un resultado, el arrepentimiento del perdonado”.
Una nueva teología de la paz comprende el concepto y la práctica de ‘perissón’ que, en el griego koiné del Evangelio, significa: “mucho más o en mayor medida”. En palabras de monseñor:
“Estamos llamados a ir más allá de los mudables sentimientos para hacer una opción que no es sentimiento, sino una decisión que se toma con todo el ser, cuerpo y alma, cerebro, corazón y gracia de Dios. Es una decisión doble. Por una parte, en lo más central de la cruz, está la decisión de Jesús de no permitir que el otro permanezca en su vida como un enemigo y esta es la primera decisión a que estamos llamados nosotros; y la segunda, que fue también de Jesús, es abrir espacio en la propia vida al que hemos separado, excluido y alejado, por ser malo”.
Así mismo, propuso la reflexión: “¿Cómo nos iría ante la pregunta de si nuestras opciones de paz están orientadas más por una visión partidista que por una visión de evangelio?”.
La novedad cultural, acota monseñor Castro, es un avanzar por el sendero de la civilización del amor.
La novedad, para quienes sentíamos la voz de la Iglesia católica ajena a nuestros intereses, reside en que presencias como la de monseñor Castro no solo motivan a la reconciliación entre bandos enfrentados de un país, sino que reavivan la posibilidad de recuperar la confianza en una institución. Dan ganas de volver a creer. #LaPazQuerida.