GENERACIÓN BISAGRA
Tal como lo anuncié en la columna anterior, el 28 de junio se hizo pública la iniciativa denominada “La Paz Querida” con la intención de propiciar el diálogo informado y desapasionado sobre cómo construir el buen futuro de nuestro país. Ese buen futuro debe estar ligado a la paz justa, regido por una ética social diferente. Es un propósito que para algunos puede parecer una quimera, pero para muchos, entre ellos los 42 del núcleo gestor de la iniciativa, resulta una posibilidad cierta si sumamos las voluntades capaces de adquirir el compromiso con el cambio transformador.
Para iniciar es conveniente aprovechar el optimismo que inspira la perspectiva de terminar la violencia. Creemos que los muy probables acuerdos con las FARC y los necesarios con el ELN, propiciarán el cese de parte importante de la violencia directa. Es decir, dejaremos de matarnos indignamente, lo cual ya es bastante, pero no suficiente.
El esfuerzo del Estado y de la Fuerza Pública en particular, realizado durante medio siglo, reclama como dividendo inicial el cese al fuego y de hostilidades, lo cual implica no solo la dejación de las armas, sino de toda acción delictiva. A partir de ese momento debemos exigir nuevas conductas que permitan eliminar la violencia estructural que ha caracterizado la historia del país, con la visión de construir una sociedad donde impere el principio de humanidad, de la manera que lo soñó Kant, lo pregona la Cruz Roja internacional o lo predica actualmente el General francés Jean-René Bachelet, en cuanto al respeto a la vida, a la integridad y a la dignidad humana.
El cambio transformador es tarea de la generación que se apresta a regir los destinos del país. A quienes estamos en la última curva, antes de entregar la posta, nos corresponde la gran tarea de señalar a los jóvenes el camino recto y promisorio que deben construir. Ojalá a los viejos nos quepa el honor de ser la generación bisagra, capaz de articular la transición, entre las generaciones hacedores de la guerra y quienes deben cambiar las tendencias. Eso hace parte de la visión y compromiso de “La Paz Querida”, por los que debemos establecer un diálogo intergeneracional para que afloren las responsabilidades, errores, sueños y compromisos.
Ese diálogo es parte de la respuesta que queremos dar al gran número de personas que preguntan sobre las acciones inmediatas que ejecutará nuestra iniciativa. Ya lo han dicho en la última semana Cecilia López, Elisabeth Ungar, Francisco de Roux, Rodrigo Uprimny y Rafael Orduz, miembros del grupo, en sus respectivas columnas de prensa, cuando indican que en la juventud está la fuerza y la esperanza, y con ellos la oportunidad de movernos de la indiferencia hacia el compromiso solidario y constructivo.
Propiciaremos dicho diálogo desde la provincia. Iremos a donde las acciones se harán posibles, y actuaremos, como aconseja Confucio, con la cabeza fría, el corazón caliente y la mano larga. Con la trinidad compuesta por jóvenes, maestros y padres, discutiremos las interacciones entre la paz, la familia, el cuidado, la responsabilidad y el respeto, en la perspectiva de Erich Fromm, e iremos ampliando nuestro radio de acción y acrecentando el número de personas que en la página www.lapazquerida.com, digan “yo me sumo”. Así cada día seremos más los convencidos que la paz sí es posible, hasta llegar a la masa crítica social que haga realidad el sueño colombiano de un buen futuro.