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“Gente bien”

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02 de julio de 2016

Ocurrió en un ascensor de un edificio concurrido y prestigioso al que mucha gente va a citas médicas. En pleno recorrido hacia las alturas, el bloque de aluminio se detuvo. Las personas que estábamos adentro retrocedimos para dar paso a una mujer voluptuosa y llamativa que necesitaba entrar e ingresó con fuerza. Se detuvo donde consideró adecuado y con su voluminosa anatomía, oprimió contra la pared a un niño pequeño que iba con su mamá.

Ante la incomodidad, la señora le pidió a la mujer moverse un poco. Y ella, con molestia evidente y el ceño fruncido, gritó: “yo hago lo que quiero”. Segundos después y desafiante, se bajó en el piso requerido. Un mensajero que estaba ahí y vio la escena pronunció: “Y esa es dizque la ‘gente bien’”. Ante esto surge la pregunta: ¿Qué se entiende por “gente bien”? ¿Por qué algunos necesitan hacer esas clasificaciones? ¿Si hay un grupo de gente al que se le denomina así, entonces cómo se llama al resto? ¿Por qué algunos creen ser superiores a otros?

Para algunos, la “gente bien” es aquella que pertenece a determinado estrato económico. Para otros, son aquellos que tienen ciertos apellidos, fama o son descendientes de familias que en el pasado o presente ganaron prestigio. Estas clasificaciones son naturales en una sociedad colombiana como la nuestra que está dividida por estratos y en la que aparentar y tener son un elemento común en la vida diaria de aquellos que creen que esa es su forma principal de ganar valor y ser vistos.

Tan acostumbrados estamos a esas clasificaciones y lo que se deriva de ellas que es natural escuchar un verbo coloquial y no aprobado por la Real Academia como “chicanear”, que es muy usado por aquellos que tal vez aspiran a ciertos valores materiales no tenidos y se sienten en posición de desventaja cuando escuchan los viajes, compras o adquisiciones del otro.

Esta división social que hace creer superiores e inferiores a algunos, es casi tan antigua como la humanidad y de ella habló este año el profesor Moisés Wasserman en una brillante columna titulada: “El temor a la gente demasiado buena”.

En el territorio que hoy conocemos como Colombia, la clasificación de algunos que se sentían superiores por poder, dinero o linaje, se hizo más fuerte a partir de 1499 con el arribo de Alonso de Ojeda y quien llegó a estas tierras con el título de “don” aunque hubiera dejado Europa ante la incertidumbre, amenaza, deseo de aventura y otras razones.

Aunque a veces predominen aquí ideas de tiempos ancestrales, ya hacemos parte de un mundo en el que la innovación y la superación a través del trabajo y el conocimiento son los que dan hoy cada vez más poder y certeza. Considerarse o ver a otro como superior por la cuenta bancaria, el cargo o el estatus ya no es suficiente. Aunque en un escenario ideal no debería haber categorías, si alguien me pregunta cuál es la “gente bien”, respondería: aquella que con sensatez se esfuerza cada día en mejorar y aprender, contribuye al entorno y logra apreciar a otros por su esencia y potencial y no por el estrato, carro, apariencia, fama o apellido.