Germán Vargas Lleras, saltimbanqui
Acróbata, equilibrista ambulante. Persona que realiza saltos y ejercicios acrobáticos, generalmente en espectáculos al aire libre. Esta palabra, saltimbanqui, sirve para aludir al carácter cambiante e impredecible y a los tumbos que ha dado el hoy candidato a la Presidencia de la República. Militó con Luis Carlos Galán. Integró las listas oficiales del Partido Liberal. Fue opositor declarado del gobierno de Andrés Pastrana. Dejó a Horacio Serpa con los crespos (de los lados) hechos en la campaña presidencial de 2002 y marchose a cuidar la candidatura de Álvaro Uribe.
Por supuesto ofició como líder de la bancada uribista, pero luego dio el salto a Cambio Radical y se convirtió en su líder egregio durante la última década. En 2006 se consolidó como mayor elector al Congreso, con más de 220 mil votos. Se lanzó a buscar la Presidencia en 2010. Prometido continuador de las políticas de Uribe Vélez, que terminó por aceptarle a Juan Manuel Santos el ministerio del Interior. Luego el de Vivienda.
Llevado por su forma tan dinámica de hacer política, en enero de 2014, se convirtió en la fórmula vicepresidencial al segundo período Santos, que llevaba inscrita en las manos la palabra paz. Lo tuvo claro, lo defendió. Usó ese discurso para ambientar un centenar de inauguraciones de obras (de vivienda e infraestructura) respaldadas por la chequera en blanco que le entregó Santos, mientras seguía tejiendo la alfombra que lo llevara a la Presidencia.
Después de comer y beber del gobierno Santos durante siete años y de completar un álbum robusto de fotos de cintillas cortadas y abrazos con los caciques electorales de las regiones, tras parasitar con su clientela burocrática y de votantes, Vargas Lleras “cayó en cuenta” de que no estaba de acuerdo con lo pactado en La Habana. Guardó su desaprobación a las negociaciones para después de exprimir a tope la agenda de estrenos de puentes, autopistas y acueductos.
Pero al volver a la arena electorera descubrió a Cambio Radical con una reputación carcomida por escándalos de corrupción, uno tras otro. 349 miembros sancionados y 41 destituidos, hasta agosto. Congresistas procesados por parapolítica, alcaldes sindicados de peculado y falsedad en documentos. Un bollo para el que no hay perfume que valga.
Una vez más Vargas Lleras entendió que lo mejor era otro salto de los que acostumbra, al aire libre: dio un cambio radical a la inscripción por firmas. Ahora este equilibrista ambulante, en sus juegos eternos de tránsfuga, amaga coincidir con Álvaro Uribe. Alista otra acrobacia calculada, en el esfuerzo por no caer de la cuerda que lo mantiene atado a la Casa de Nariño, esa vivienda de su más sentido e inocultable interés prioritario.