Columnistas

Gobernanza e innovación

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29 de enero de 2018

Por Piedad Patricia Restrepo R.

piedadpatricia@gmail.com

La agenda mundial de Objetivos de Desarrollo Sostenible –ODS- es más compleja y retadora que la que le precedió de Objetivos de Desarrollo del Milenio. Una gran parte del desafío está concentrada en las urbes, reflejo de ello es el dato reiterativo, según el cual en tan solo quince años la población que vivirá en urbes aumentará en mil millones (20 % más), alcanzando los cinco mil millones de personas al 2030.

En el marco de esa agenda, las Naciones Unidas en 2014 declararon el 31 de octubre como el Día Mundial de las Ciudades, bajo el lema “A mejor ciudad, mejor calidad de vida”. Asimismo, cada año, esta organización escoge un aspecto en el que quiere promover algún logro. En octubre de 2017, el tema escogido fue “Con gobernanza innovadora, ciudades más abiertas”.

La motivación principal de las Naciones Unidas para promover este tema es el convencimiento de que los modelos de gobierno tradicionales de las ciudades se están quedando cortos para responder a los múltiples desafíos que estas plantean.

Se destacan problemas como la presión que se ejerce sobre la tierra y los recursos hasta la congestión vehicular, la contaminación, la escasez de vivienda o el deterioro de las infraestructuras. Pero los desafíos van más allá, pues no solo es menester dotar a todos los habitantes de bienes y servicios, sino también que estos puedan convivir, realizar interacciones valiosas y que a su vez el uso de los recursos sea sostenible.

La gobernanza innovadora y las ciudades más abiertas son estrategias necesarias y cada vez más pertinentes para tener mejores ciudades y, por tanto, más calidad de vida.

En el primer caso, el llamado es a que el gobierno de las ciudades no esté sólo en manos del sector público, sino que involucre activamente a la sociedad civil organizada y al sector privado, para juntos enfrentar los problemas y aprovechar las potencialidades. El estado omnipresente, omnipotente y omnisapiente no es el escenario ideal para avanzar en calidad de vida.

Y aquí traigo un ejemplo que nos ilustra uno de los desafíos. En Medellín, nuestra Encuesta de Percepción Ciudadana nos muestra un panorama inquietante. El reconocimiento a las entidades que aportan a la calidad de vida del ciudadano está notoriamente desbalanceada a favor de la Alcaldía de Medellín. Ha sido así desde que arrancó la encuesta en 2006, pero en 2017 la brecha aumentó aún más. Así, la Alcaldía fue reconocida por un 65 % de los ciudadanos, mientras las empresas de servicios públicos, la segunda en mención, obtuvo un 21 %. Las organizaciones sociales y cívicas, así como la empresa privada fueron reconocidas por menos del 10 % de los ciudadanos.

Como sociedad tendremos que profundizar en las razones para que esto esté ocurriendo. Los desafíos que enfrentamos hoy implican repensarnos; no solo necesitamos nuevas fuentes de recursos, nuevas habilidades gerenciales, necesitamos con urgencia propiciar escenarios que potencien la participación ciudadana y la del sector privado, no solo para expresar sus demandas, sino, y más especialmente, para aportar todo el conocimiento de sus entornos y su capacidad creativa para innovar en soluciones a todo nivel.