Godzilla
Un niño derrotó en las heladas estepas rusas a los ejércitos de Napoleón y de Hitler. No fue un crío rubio y espigado criado entre los hielos polares sino otro bien distinto, llegado de un lugar desconocido para quienes libraron aquellas batallas en 1812 y 1941. Aquel “Niño” vino del mar y nació la anterior Navidad, cuando el fenómeno del sobrecalentamiento de las aguas del Océano Pacífico ecuatorial alcanza su mayor intensidad, lo que altera los patrones de lluvias y provoca intensas sequías e inundaciones en toda América. Sin embargo, su poder se extiende por todo el planeta y es por eso, según los meteorólogos, por lo que tanto Napoleón como Hitler vieron sepultadas a sus tropas bajo las nieves rusas de aquellos inviernos gélidos. Porque mientras los hombres preparaban sus campañas y pulían sables y balas, al otro lado del mundo se gestaban dos virulentos “niños”. Y cuando eso ocurre, el Este de Europa tirita aterida de frío.
Hoy, nos preparamos para lo peor. El Pacífico está viviendo un “Niño” de gran violencia, tanta que podría convertirse en el más potente del registro, superando al de los años 1997 y 1998. Poco dados a los alarmismos, los científicos han puesto un nombre al “chiquillo” que atemoriza al más pintado: Godzilla, por su brutalidad extrema, como el monstruoso dinosaurio mutante japonés.
Los efectos de Godzilla comienzan a notarse a ambos lados del Atlántico. Estas pasadas navidades en España hemos andado en mangas de camisa con temperaturas rondando los 20 grados. Más parecía que estábamos en Cartagena que en la extrema Castilla con su bajo cero invernal y, así, las terrazas aparecían repletas con el personal disfrutando de unas cañas en plena Nochebuena. Una locura. Mientras, en Latinoamérica, la sequía comienza a pasar factura. El río Cauca, me cuentan mis colegas caleños, baja seco desde hace tiempo. La intensa sequía amenaza con dejar sin agua al 70 % de los habitantes de Cali. Medellín no quedará libre del impacto.
Los expertos aseguran que el fenómeno se extenderá incluso más allá de junio y será el más intenso nunca registrado. ¿Por qué? La respuesta es que las aguas donde se está gestando Godzilla están 2,5 grados por encima de su nivel medio. Con solo medio grado, se considera que el “Niño” se encuentra ya activo. Debemos estar preparados.
Aunque los científicos no se ponen de acuerdo sobre el impacto del cambio climático en la aceleración de esta alteración, sí que coinciden en que cuanto más calurosos sean los años en curso más probabilidades hay de que aparezca El Niño.
No podemos hacer nada para cambiar el pasado y, en términos climatológicos, muy poco para modificar el presente. Pero sí debemos actuar con contundencia para prevenir desastres medioambientales en el futuro. No se trata de convertirnos de la mañana a la noche en talibanes de la ecología, ni de volver a la edad de las cavernas, como sugieren algunos. Sin embargo, de todos depende cuidar nuestra casa, la Tierra, el único bien realmente tangible que cederemos a las nuevas generaciones. Nos pasamos la vida abrumados por pequeñeces, entre debates políticos estériles. Es hora ya de exigir a nuestros gobernantes acciones que detengan el deterioro de los ecosistemas, planes masivos para reforestar el mundo entero y salvaguardar nuestras aguas, dulces y saladas.
Recientemente, los españoles hemos acudido a las urnas para renovar el Parlamento y elegir presidente. De entre todas las opciones, ninguna con opciones dedicó medio segundo al sostenimiento de nuestro entorno sin pensar que la pobreza ecológica es la antesala de la ruina.
Antes de concluir, quisiera plantear aquí una opción viable para cambiar las tornas. Propongo que los jóvenes de entre 18 y 25 años (y cualquiera que se apunte) dediquen seis meses de su vida en ese periodo a tareas de servicio social vinculadas tanto al medioambiente como a los más necesitados. En vez de andar todo el día enganchados al móvil.