Columnistas

Hagan niños

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01 de noviembre de 2016

Escribo estas líneas en el delicioso Café Theo’s, en Earl’s Court, Londres, donde Richard (73) acaba de sentarse a desayunar como cada mañana. De una bolsa saca una vieja cámara Kodak, dos fotografías enmarcadas de su difunta madre, actriz americana, y un crucifijo. Intercambia algunas palabras con los camareros. Esa será su única conversación real en todo el día.

Ahora mismo hay 16.460 personas centenarias en España. Dentro de 50 años serán 222.104. En 2066, habrá el mismo número de personas entre 90 y 94 años (1,6 millones) que entre 10 y 14 años. Ese año, según las proyecciones del organismo demográfico español, uno de cada tres españoles tendrá 65 años o más.

El meteórico envejecimiento de la población no será un fenómeno aislado de Europa o Japón. En apenas cuatro años, Colombia tendrá un adulto mayor por cada dos adolescentes, cuando hace medio siglo la proporción era de uno a diez.

Este acelerado ritmo de envejecimiento se evidencia en otro indicador: mientras que en 2005 los mayores de 60 años representaban el 7,5 % de la población, la cifra llega hoy al 11 % (5,2 millones). En 2050, los sexagenarios superarán los 14 millones, el 23 % del país. El proceso es incluso más acusado en Colombia, donde la población ha envejecido en 26 años lo que Francia en más de un siglo. Esto se explica en parte por la fulminante caída de la tasa de natalidad, que se ha desplomado de los 6,8 hijos por mujer en 1951 a los 1,9 de 2014.

Pese al evidente lado positivo de la extensión hasta casi 100 años de la esperanza de vida de los seres humanos, debemos ser conscientes de los riesgos que afrontamos. En primer lugar, la presión sobre los sistemas públicos de pensiones y de salud será enorme. En España, por ejemplo, los nuevos trabajadores, con salarios cada vez más raquíticos y empleos más precarios, no alcanzan a cubrir las pensiones públicas de los casi 10 millones de jubilados. Mientras el sueldo más frecuente es de 1.300 euros, los nuevos pensionistas cobran de media casi 1.500 euros. Como no se puede rebajar la pensión a quienes están próximos a jubilarse, serán las futuras generaciones las que deberán “complementar” su pensión, que se verá reducida a no ser que se alcance el pleno empleo. Peor aún serán las cosas en Colombia si no espabilan. La cobertura pensional se ha estancado en el 25 % de la población. Solo uno de cuatro colombianos tiene asegurada su vejez con un nivel de ingresos aceptable.

Un porcentaje de población tan elevado y con tan pocos recursos supone un riesgo para el consumo.

Por otro lado, los individuos debemos de ser conscientes de que, Dios mediante, viviremos muchos más años de los que esperábamos. Para poder disfrutar de ese logro deberíamos no solo guardarnos las espaldas con un mayor esfuerzo en el ahorro sino cuidarnos más. Dentro de unos lustros, tener 65 años será lo más normal del mundo. De hecho, es probable que ni siquiera se considere un “jubilado” a alguien entre los 60 y los 75 años, sino una persona madura que afronta otros proyectos. Los 60-70 serán los nuevos 40-50. Trabajaremos más años y por tanto será necesario reciclarse y no dejar de aprender. Pero el cambio a sociedades más longevas (mejor que envejecidas) implica que nuestras ciudades y nuestra tecnología deberán adaptarse (como los coches sin conductor) para no arrinconar a la gente de mayor edad en geriátricos. Dicho lo cual, sería conveniente incentivar desde hoy y con premura la natalidad porque, pese a todo, necesitamos más niños. Sin jóvenes nuestras sociedades serán más estáticas y monótonas. La humanidad perderá empuje y, lo que es peor, alegría e ilusión. ¿Se imaginan un parque infantil lleno de ancianos dando de comer a las palomas? Pues a hacer hijos.