Hay que valorar más y criticar menos
La adolescencia de los hijos es una etapa agotadora, tanto para nosotros como padres como para ellos, porque no solo están experimentando muchos cambios sino que además están tratando de definir su propia identidad. Lo difícil para nosotros es que, como los jóvenes necesitan “ser ellos mismos”, nos rechazan sin razón aparente para diferenciarse de nosotros.
Para enriquecer la relación con los adolescentes debemos tener presente que este es un momento en el que ellos están experimentando una infinidad de cambios y, por lo tanto, viven azotados por toda suerte de temores e inseguridades debido a lo desconcertados que se sienten. Y por eso mismo es usual que se alteren con frecuencia.
Lo que más necesitan los adolescentes en esta etapa de confusión que están atravesando no es que los critiquemos ni que les digamos lo que deben hacer para superar los cambios en su estado de ánimo, sino que los escuchemos con empatía para que puedan verse a sí mismos y entender lo que les está ocurriendo. Lo que ellos precisan es que les prestemos atención y no que tratemos de trivializar su desconcierto porque sentirán que los estamos descalificando.
Por lo general, los hijos nos cuentan sus problemas para desahogarse y no para que se los solucionemos. Por eso, lo que más precisan no son consejos, ni soluciones, ni que interfiramos en sus asuntos. A decir verdad, lo que más les urge es que los comprendamos y les ayudemos a ver ante todo lo bello y lo bueno que hay en ellos.
Aun cuando aparenten lo contrario, los padres somos muy importantes para los hijos en su adolescencia. Por eso, nunca debemos ignorarlos, aun cuando nos rechacen y pretendan que no quieran escucharnos. Entre más tratemos de acercarnos, más se resistirán porque ellos se oponen a todo lo que necesitan. Sin embargo, a pesar de que se resistan, nuestro amor incondicional siempre logra desleír el rechazo y darle paso al afecto que los sana.