¡Hey, despierta!
Hace pocos días Bancolombia lanzó un robot que nos propone dónde invertir nuestro dinero. Netflix anunció su nuevo algoritmo con 150 variables para sugerirnos cada vez con más certeza qué queremos ver. Ya no nos sorprendemos porque Spotify elige nuestra música ajustada a lo que estemos haciendo y estado de ánimo. Varias empresas prueban vehículos autónomos. Sin querer queriendo cada vez necesitamos pensar menos; que piensen los que crean y programan esos algoritmos.
Para nuestras empresas ha sido un primer semestre realmente difícil. Para cumplir -o no estar tan lejos- de sus metas de rentabilidad, ante unas ventas menores, acuden a las soluciones de siempre: eficiencias, excelencia operacional, recortes de gastos, entre ellos los de personal, menos riesgo, inversión e innovación (así se siga declarando como esencial) e incluso subir precios (aunque el cliente se declara como lo más importante).
La palabra incertidumbre es cada vez más recurrente en el mundo empresarial por entornos económicos, sociales y políticos menos predecibles, competidores inesperados, modelos de negocio diferentes y la disrupción y abrumante cantidad de información -cierta y falsa- que trae la tecnología. La transformación digital, adaptabilidad y agilidad son las nuevas estrategias de respuesta, por ahora más de palabra que de acción.
¿Cómo se relacionan estos tres párrafos aparentemente inconexos y el título folclórico de la columna? En un entorno cada vez más incierto y veloz, con más variables, información y jugadores ya no funciona lo que hemos hecho siempre... sí, esa frase se ha dicho muchas veces. ¿Pero qué pasa si es que ni siquiera vemos esas formas de siempre? Las damos por sentadas, no las cuestionamos porque ni siquiera las vemos, es como el agua para un pez, incluso creemos que hacen parte de quienes somos -como personas, empresa o sociedad y si no estuvieran perderíamos nuestra esencia o estaríamos en riesgo.
El gran reto es ser consciente del agua, apagar el piloto automático para poder cambiar el rumbo o incluso el avión, no dejar la responsabilidad de nuestro piense y futuro en otros. Hacernos cargo. Ser conscientes de nuestro entorno, del ecosistema en el que nos movemos, pero ante todo, de nosotros mismos y del otro, de los otros, una conciencia colectiva. Ese es el primer paso para ser mejores personas, tener mejores empresas, construir un mejor planeta, como dice Otto Scharmer, dejar una carrera loca hacia resultados que nadie quiere: corrupción, contaminación, inequidad, estrés, deficiente salud y alimentación o cualquier otro, siéntase en libertad de complementar la lista.