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HISTORIA DE COLOMBIA: HORA DE VOLVER A CLASE

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29 de octubre de 2017

“La historia es maestra de la vida y testigo de los tiempos”, decía Cicerón. Mi amigo Luis Fernando Múnera López, con alma y rigor de historiador, miembro de número de la Academia Antioqueña de Historia y miembro correspondiente del Centro de Historia de Santa Fe de Antioquia, lo corrobora. Hace unos días, en sesión solemne de la Academia presentó una propuesta de contenido para la cátedra de Historia de Colombia, en caso de que el Ministerio de Educación volviera a incluirla en el pénsum colombiano, de donde lamentablemente fue sacada, así porque sí, hace más de treinta años.

Es un trabajo exhaustivo y profundo por cada período histórico de nuestro país que intenta una aproximación didáctica a los mismos. No es un trabajo concluido, pero es un comienzo que merece la mirada de quienes tienen en sus manos el poder de decisión al respecto.

¿Qué puede esperar un país si el grueso de su gente no tiene conocimiento ni conciencia de lo que ha sucedido en tiempos pasados? ¿Si lo poco que sabe de historia lo aprendió de una telenovela a veces mal contada? ¿Si no sabe por qué estamos como estamos? ¿Cómo cambiar lo que no ha funcionado si no se conocen las causas?

Nuestros estudiantes necesitan saber que Colombia es el resultado de los procesos que ha vivido desde la llegada de los españoles. Que los aportes que los aborígenes pudieron hacer para la formación de la nación se perdieron porque las comunidades fueron diezmadas, su cultura destruida y sus legados distorsionados. Que, como resultado de nuestra evolución a través de los diversos momentos históricos, tenemos valores importantes como el emprendimiento, la tenacidad, la cultura y lo poco que conservamos de moral ciudadana. Pero también, como resultado de esa evolución, hemos generado antivalores como la inequidad social y la corrupción en todos los sectores, tan vergonzosamente arraigada a nuestra idiosincrasia que parece ser aceptada.

Que la violencia que tristemente nos caracteriza, la desigualdad social y otras heridas por donde nos desangramos, tienen raíces políticas, sociales y económicas claras: El acaparamiento de las tierras por parte de los terratenientes y el monopolio industrial de los empresarios, cerraron las puertas y las posibilidades de progreso para millones de personas. Está comprobado.

El poder y el dinero de Pablo Escobar y sus colegas, que les ofrecieron a los jóvenes la posibilidad de ganar dinero fácil y rápido con el tráfico de drogas o con las pistolas, fue tierra abonada para el sicariato y la formación de bandas, un momento histórico que se enquistó en nuestra sociedad, como una especie de herencia maldita que aún hace de las suyas y cobra muchas vidas. Esos mismos personajes les vendieron a los campesinos la idea de explotar un cultivo más rentable que el del pancoger: el de la coca. Y ellos aceptaron, porque muchas otras opciones de sustento siempre estuvieron negadas para ellos.

No, nuestra historia no ha sido ninguna novelita rosa, pero precisamente por eso es importante conocerla y, a partir de ese conocimiento, trabajar para mejorar la situación a futuro.

Esta propuesta es un pedido, a grito herido si se quiere, para que el Ministerio de Educación Nacional permita que de nuevo los niños colombianos conozcan, bien contada, la Historia de su país en las aulas.