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¿Hogar... dulce hogar?

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02 de octubre de 2017

La palabra hogar per se evoca una sensación de bienestar y placidez propia de la morada donde podemos gozar del afecto y calor humano de nuestros seres más queridos.

El hogar es mucho más que el sitio donde reside la familia, es el espacio donde compartimos la vida a la luz del amor y la camaradería que nos une con nuestros seres queridos. Es el refugio donde se teje la intimidad entre padres e hijos y se pueden expresar espontáneamente sus sentimientos; donde todos pueden ser ellos mismos, compartir sus inquietudes y brindarse mutua ayuda.

Parece que las exigencias de la vida en un mundo en el que cuenta más la apariencia que la esencia, han deteriorado el ambiente que debería reinar en el lugar a donde se alberga, no solo la familia, sino el corazón de sus integrantes. Hoy, gracias a que el lujo y pulcritud de la casa donde vivimos es un símbolo de “status”, hay muchas que se parecen más a un “museo” que a un hogar.

Las casas deben ser lo suficientemente aseadas para ser higiénicas, pero lo suficientemente acogedoras para ser cálidas. Para los hijos su casa es sinónimo de seguridad y bienestar. Allí se nutre su corazón y se forja su personalidad; allí se sienten seguros, cuidados y protegidos por quienes los aman; allí aprenden a compartir, a colaborar y a interactuar con los demás.

Por eso, este debe ser un refugio de comprensión, cariño y armonía que sirva de terreno fértil para que sus frutos crezcan sanos y abundantes.

Sin embargo, cada vez parece haber más familias que tienen una buena casa pero no un hogar. Para muchos padres su casa es el lugar donde cultivan sus obsesiones o desahogan sus frustraciones. Así, las constantes recriminaciones impiden que los niños se sientan tranquilos y que desarrollen un auténtico sentido de pertenencia, gracias a que su casa es ante todo un techo bajo el cual la familia vive pero poco convive.

Si queremos tener un hogar cálido y acogedor debemos cultivar allí lo mejor de nosotros mismos, para que sea una morada de bienestar emocional donde se siembre la vida, se cultive el corazón y se coseche en forma abundante el amor.