Ilusionismo mental en tiempos de posguerra
Es muy posible que para la mayoría de los colombianos, los geólogos se hayan dedicado a la minería y al petróleo y no en su adiestramiento para comunicar, como lo afirmó Ana María Cano esta semana en su interesante columna de El Espectador. Pero también es cierto que para la minoría existen muchos dedicados a la investigación de los signos vitales de la Tierra y su relación con el espacio, por supuesto, la mayoría por fuera de Colombia, pues aquí la financiación y apoyo para estos menesteres no existe, y menos cuando se trata de esclarecer preguntas sobre los riesgos actuales e inminentes de terremotos o tsunamis.
La responsabilidad de una sociedad bien informada no debe recaer solamente sobre las destrezas de sus científicos para sintonizarse fácilmente con las masas, ese es precisamente el oficio del comunicador, o es el querer personal propio del geólogo en especializarse en el servicio público de comunicar, sino también sobre la voluntad y financiación de hacer periodismo de investigación, así como en las estrategias propias de canalización y distracción de los medios de comunicación y redes sociales usadas para entorpecer la capacidad de razonar de la sociedad, hasta casi privarla de la verdad y por lo tanto, no usar la razón para estos asuntos que son de salud pública nacional.
El tomarse y distraer el espacio, tiempo, atención y razón de toda la sociedad porque se comparó la importancia de la reserva Van der Hammen con el de un “potrero” o el del impacto ambiental y social de la propia industria petrolera con el del “secuestro de terrícolas por parte de alienígenas”, son claros ejemplos contemporáneos de ello.
¿Qué fue lo que nos informaron? ¿Cuál es el impacto real y actual sobre los acuíferos y fuentes hídricas de los campos de desarrollo de la industria petrolera, minera o cualquiera otra actividad económica en Colombia? ¿Se está implementando ya la tecnología del fracking y no nos lo han contado? ¿En dónde están los estudios de impacto ambiental y social de esta tecnología, su relación con los sismos provocados, así como la matriz de riesgo a la salud con sus recomendaciones y prohibiciones?
Para el filósofo español Alfonso López Quintás, el gran humanista y científico Albert Einstein nos hizo esta advertencia: “La fuerza desencadenada del átomo lo ha transformado todo menos nuestra forma de pensar. Por eso nos encaminamos hacia una catástrofe sin igual”.
¿Qué forma de pensar hubiéramos debido cambiar para evitar esta hecatombe?, se preguntaba entonces López. Según el filósofo, “Einstein se refería al estilo de pensar objetivista, dominador y posesivo que hizo quiebra en la Primera Guerra Mundial y no fue sustituido por un modo de pensar, sentir y querer más ajustado a nuestra realidad humana”.
Según López Quintás, los pensadores más lúcidos nos vienen instando a cambiar el ideal, a superar el afán de poder mediante una decidida voluntad de servicio en las personas y en los grupos que deciden la marcha de la sociedad. “En estos siguió operante un afán incontrolado de dominio, dominio sobre cosas y sobre personas... Y el dominio y control sobre los seres personales se lleva a cabo mediante las técnicas de manipulación” afirma el filosofo en su artículo “La manipulación del hombrea través del lenguaje”.
En contra de ello, el filósofo español propone colaborar eficazmente a configurar una sociedad mejor, más solidaria y más justa, donde se deben poner al descubierto “los ardides de la manipulación y aprender a pensar con todo rigor”.
Para él esto no es difícil. “Un poco de atención y finura crítica nos permitirá delatar los trastrueques de conceptos que se están cometiendo y aprender a hacer justicia a la realidad” y remata diciendo que “Esta fidelidad a lo real nos depara una inmensa libertad interior”, que se debe “conquistar día a día frente a quienes intentan arteramente dominarnos con los recursos de esa forma de ilusionismo mental que es la manipulación” .