Columnistas

Implementar la Cátedra de la Paz

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16 de febrero de 2016

En diciembre de 2015 venció el plazo para que todas las instituciones educativas de preescolar, básica y media del país, establecieran la Cátedra de la Paz, con el fin de garantizar la creación y el fortalecimiento de una cultura de paz en Colombia. Las universidades también la deberán desarrollar en concordancia con sus programas académicos y modelo educativo. El decreto se expidió en septiembre de 2014.

Obviamente la paz no surge en una cátedra ni se logra con una firma ni se impone a los balazos; es el resultado espontáneo de las condiciones sociales adecuadas de bienestar (vivienda, alimentación, salud, seguridad) y equidad (trabajo digno, oportunidades para todos). Pero, bajo las circunstancias del país, hay que realizar al mismo tiempo acciones en todos los frentes, para intentar generar el contexto para conseguirla: es tratar de desmovilizar a los actores armados; es enseñar desde las instituciones educativas cuál es la manera civilizada de convivir y resolver los conflictos, y cómo ejercer la ciudadanía para generar bienestar y equidad; es ejercer la autoridad y aplicar la justicia con justicia para que se cumplan las leyes que hemos pactado y aceptado para vivir en un país seguro.

Es muy alentador ver cómo en la Colombia rural, en donde el conflicto armado se ha ensañado con todo su furor, las instituciones educativas ya están trabajando en la Cátedra de la Paz. Ellos, que han padecido el desgarramiento de los balazos en cuerpos propios y amados, entienden que es mejor educar desde las aulas para que esa barbarie no se vuelva a repetir. “La educación debe prepararse para un posconflicto así no se llegue a acuerdos en La Habana”, dice para EL COLOMBIANO Olga Lucía García, secretaria de Educación de Ciudad Bolívar.

Mientras en las ciudades algunos hacen esfuerzos para deslegitimar lo que pase en La Habana, los que han padecido la guerra no están esperando a que se firme nada. Ellos ya entendieron que el camino no es al grito de guerra y no se sentarán a esperar ni la firma ni las condiciones para la firma. Saben que educando una nueva generación, bajo parámetros de convivencia y resolución de conflictos sin violencia, se asentarán bases importantes para vivir en paz. Los demás escenarios de bienestar en salud, vivienda, alimentación y trabajo dependen de otros actores, muchos, quizá, aún no han entendido que sus actuaciones pueden ser tan alimento para la guerra como los balazos de los armados. Para ellos también se debería implementar una Cátedra de la Paz.