Columnistas

Inclusión Inspiradora

Loading...
02 de agosto de 2016

El mundo, a pesar del fundamentalismo, cada vez se vuelve más incluyente. Hoy día, así una minoría obtusa, en la que se puede incluir a uno de los candidatos a la presidencia de EE.UU., se empeñe en lo contrario, existe una mayor apertura y respeto hacia quienes tienen diferentes preferencias sexuales, hacia aquellos que profesan otras religiones y hacia a todo tipo de razas o culturas. Con todo y esto, debemos reconocer que la inclusión de discapacitados sigue siendo un tema polémico. Lo anterior, quizá debido al paradigma, creado por muchas empresas, que creen que el rendimiento y la productividad pueden ser menor en esta población que en la de personas con capacidades plenas. Piensan muchos gerentes de recursos humanos que el ausentismo es más recurrente, e inclusive los accidentes de trabajo se disparan, cuando tienen empleados con algún tipo de discapacidad. En Colombia se calcula que hay alrededor de 2.910.000 personas con alguna discapacidad, cerca del 52 % está en edad de trabajar, pero solo el 15 % lo hace. Por falta de una oportunidad.

Pero siempre habrá alguien que quiere hacer las cosas diferentes, de manera más humana y demostrando que las percepciones no siempre le apuntan a la realidad. Es el caso de Prebel. Empresa exitosa de nuestra ciudad, dedicada a los productos para la belleza que decidió atreverse e incorporar alrededor de 50 empleados con discapacidades. Gran sorpresa me llevé cuando arribé a la compañía y me recibió Mariana, una chica con síndrome de Down pero con cualidades excepcionales en atención al cliente. De manera cariñosa me saluda por mi nombre, me pide que le coja su mano y me dirige a la oficina del presidente sin soltarse de mí un solo segundo. Mientras tanto, me relata a qué se dedica la empresa y lo maravilloso que es trabajar en ella. Debo confesar que me sentí un poco extraño, nunca antes me habían llevado a una oficina cogido de la mano.

Como Mariana conocí a Carlos Arturo, quien no cuenta con la fortuna de ver, ni oír y tampoco hablar. La vida le ha dado un gran don: la sensibilidad de sentir el más mínimo detalle en cualquier lugar donde se encuentre. Cuando Carlos Arturo viaja a diario para su trabajo sabe que ha llegado gracias a los movimientos del bus. Este gran hombre es un verdadero amante de la culinaria, y con el olor logra determinar si su torta de chocolate está lista para ser sacada del horno. Increíble pero cierto.

Pero también lo hacen Colcafé, Call Center, TUGÓ, Makro, entre otras, queriendo hacer de sus empresas cada vez más humanas. Rompen así mitos sobre los riesgos y demuestran que muchas de estas personas logran dominar tanto sus quehaceres diarios que en muchos casos sobrepasan la productividad de muchos otros empleados.

Demostración de que las barreras no existen y de que si nos aceptamos, con nuestras cualidades y defectos podremos tener un mundo más feliz e igualitario para todos. Ojalá muchas empresas abran sus puertas a más personas con discapacidad y ojalá también a muchos reinsertados de la guerra. Como dice el Papa Francisco “Jesús te llama a dejar huella en la vida, una huella que marque tu historia y la historia de muchos”.