Columnistas

¿INDEPENDENTISMO O NOVELÓN?

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06 de noviembre de 2017

Tras la proclama separatista catalana del pasado 27 de octubre, nadie esperaba que sus “osados” líderes fueran tan endebles y raquíticos como, a la postre, se ha puesto en evidencia; prueba de ello es que el depuesto expresidente Carles Puigdemont –defendido por un reconocido abogado que es vocero de terroristas vascos– y algunos exconsejeros de su gobierno, se negaron esta semana a comparecer ante la Audiencia Nacional española que los investiga por los delitos de sedición, rebelión y malversación.

En su lugar, emprendieron una vergonzosa retirada hacia Bélgica como si se tratase de un sainete de tercera liderado por aprendices; camino distinto adoptaron, sin embargo, la presidenta del Parlamento Carme Forcadell y cinco miembros de la Mesa, quienes sí comparecieron a la citación del Supremo. Atrás, pues, quedaron los triunfalismos y los vítores gloriosos, para dar paso a la necesaria acción de la justicia mientras los ahora prófugos ensayan sus últimos y enardecidos discursos, desde la Grand Place de Bruselas de cara a las venideras elecciones.

Duele ver a España lacerada en medio de un secesionismo que siembra el camino de resentimientos; de abismos insuperables que llevan a la anarquía y la derrota. En eso nunca repararon los líderes depuestos –que ahora sí reclaman garantías y se declaran perseguidos políticos–, quienes no comprenden que vivimos en un mundo globalizado y la nación catalana también forma parte de la Unión Europea. A estos conductores, en medio de su ceguera y soberbia, nada los conmovía; no entendían, por ejemplo, que las más importantes empresas transnacionales y la banca que contribuían a hacer de su región un emporio económico iban a retirarse de allí, porque la inestabilidad política es siempre sinónimo de perdición para los inversionistas.

A ellos –endiosados y animados por una burguesía local que, con la castellana, se reparten el poder en medio de la corrupción desenfrenada– tampoco se les ocurrió pensar que podían causar un daño irreversible y, con el actual clima económico mundial, sus propios ciudadanos iban a ser los damnificados. Adicional a ello, esos dirigentes nada aportan a la solución de los difíciles conflictos planetarios porque –con su irresponsable actitud– solo dan un profundo mal ejemplo que, ojalá, no anime a aventuras similares en otros lugares de este convulso orbe, donde las ideas separatistas mal conducidas cunden como la maleza en medio de la dehesa.

Por eso, ahora España –que empieza a levantar cabeza después de los tiempos aciagos de la guerra, la dictadura, y del accionar criminal de grupos terroristas como la ETA, que dejaron su suelo regado de cadáveres, desaparecidos y exiliados–, tiene que volver a emprender nuevos caminos de reconciliación porque las rutas de la paz y la convivencia están minadas por odios ancestrales. Por supuesto, la fracasada intentona independentista en comento –con todos sus desaciertos, perjuicios y torpezas–, también debe servir de lección para otros países que, huérfanos de verdaderos líderes, soportan la presencia de demagogos y falsos mesías como Puigdemont y sus secuaces. Como es obvio, es innegable que cuando se tratare de pueblos sometidos para los cuales la única alternativa es edificar su propia emancipación para erradicar la humillación, no solo es imperativo que luchen por su independencia sino que cuenten con el apoyo internacional.

En fin, está claro, es hora de fortalecer la unidad hispana y, en vez de contribuir a edificar más estados volátiles gobernados por arlequines, sus actuales dirigentes tienen un reto inmenso. Ellos no pueden ser inferiores al momento histórico actual, porque llegó la hora de abandonar la incómoda herencia franquista y –en medio de una historia atormentada– es necesario empezar a construir un verdadero estado federal, donde quepan naciones como Cataluña que tienen unas raíces históricas muy hondas, las cuales nadie puede desconocer.

El modelo de las autonomías ha hecho crisis y, en vez de él, debe aparecer una nueva organización política que enrumbe a la Madre Patria por mejores senderos.