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Inflación de alimentos

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10 de febrero de 2017

Como se ha señalado en esta columna, para este año se espera que, a diferencia de lo que ocurrió en 2016, la agricultura no se convierta en un factor que presione al alza la inflación total.

Es conocido que el año pasado el fenómeno de El Niño impactó de manera importante la producción y la oferta alimentaria, lo que se manifestó en un fuerte incremento no solo de los precios agrícolas sino de la inflación.

Así, según el Dane, la variación anualizada del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de alimentos en enero de 2016 era de 12,26 por ciento. En los meses siguientes dicha variación fue aumentando progresivamente hasta alcanzar, en julio de dicho año, un valor de 15,71 por ciento, que fue el registro más alto en 2016.

Gracias a la buena respuesta de la producción agropecuaria frente a la regulación de las lluvias, la inflación de alimentos comenzó, a partir de agosto del año pasado, a ceder. Precisamente en dicho mes la variación anualizada fue de 13,06 por ciento.

En los meses siguientes los precios de los alimentos tuvieron una reducción progresiva al punto que, en diciembre de 2016, la variación anualizada fue de solo 7,22 por ciento, que constituye el valor más bajo de ese año.

En el primer mes de 2017 la tendencia a la baja de la inflación de alimentos se mantuvo, registrándose una variación anual de 5,97 por ciento.

En particular, en enero pasado la variación mensual fue de 1,62 por ciento, lo que representa una disminución importante con respecto al registro del mismo mes de 2016, cuando fue de 2,82 por ciento.

A pesar de estas mejoras, el grupo de gasto que presentó la mayor contribución (0,48 por ciento) a la variación mensual del IPC total fue el de alimentos.

Los productos agrícolas que más impactaron el IPC en el mes de enero de 2017 fueron la cebolla, con un incremento de 40,25 por ciento, el tomate, con una variación de 19,78 por ciento, otras hortalizas y legumbres frescas (7,05 por ciento), la zanahoria (6,47 por ciento) y la panela (4,66 por ciento). Adicionalmente, las comidas por fuera del hogar tuvieron un aumento de 2,36 por ciento en el IPC.

Esta situación constituye un llamado de atención, pues generalmente durante los primeros meses del año se presenta una reducción significativa de las lluvias en diversas regiones del país, lo que, generalmente, se expresa en una reducción en la oferta de alimentos y en un alza en el precio de este grupo de bienes y, de contera, en la inflación total.

Infortunadamente, a pesar de saber que puede producirse este impacto, es muy poco lo que en el país se ha hecho para menguar el efecto del verano sobre la producción agrícola. En este sentido, ha faltado llevar a cabo programas más amplios e intensivos de, por ejemplo, pequeño y mediano riego en las principales zonas productoras de bienes alimenticios.

Las autoridades sectoriales deben entender lo prioritario que resulta la efectiva ejecución de los programas de estabilización de la producción y los precios agrícolas.