Instagram es una farsa
Por: Liliana Zambrano
Universidad EAFIT
Facultad de Com. Social, 9° semestre
Lzambra1@eafit.edu.co
Estamos atravesando una época donde la tecnología nos ha llevado a acceder a la vida del otro de una forma tan ubicua y omnipresente que he llegado a percibir una frustración generalizada en quienes me rodean –y en mí-.
En mi caso, por ejemplo, el último bolso Gucci que equis chica tiene, las vacaciones en Bali que disfruta “Peranita”, el abdomen plano que presume “Fulanita”... Y no es envidia, personalmente catalogo el sentimiento como un deseo que se convierte en desesperanza porque esa accesibilidad que sentimos tan cercana quizá nos ha hecho creer que todo se consigue rápido y sin esfuerzo.
Otro punto que considero importante sobre el tema es el trasfondo que hay dentro de ese “representarse” en imágenes.
En la aplicación Instagram por ejemplo, la cual Vanessa Rosales en su libro “Mujeres vestidas” la define como un “formato portátil e instantáneo” (de imágenes), se puede evidenciar cómo la aprobación que tiene una fotografía y en lo que esta aparece, puede ser avalada por un “me gusta”. Lo peligroso aquí es cómo esos números pueden influir y afectar negativamente la percepción personal y social que alguien representa.
Según el filósofo coreano Byung-Chul Han en “La sociedad de la transparencia”, “no es el aumento de las imágenes, sino la coacción icónica de convertirse en imagen”.
Y convertirse en imagen significa exponerse constantemente y buscar una validación en el otro que puede ser enfermiza porque hemos llegado a tal punto en que es más aceptado socialmente un personaje que tenga 50 mil seguidores a uno que tenga 50.
Hay que desenchufarse y estar conscientes del sofisma que puede llegar a ser el online de esa “felicidad absoluta” y lo que hay detrás en el offline. Añoremos ser más sustancia que apariencia y más intelecto que representación porque, según Byung-Chul Han, “si el mundo se convierte en un espacio de exposición, el habitar no es posible”.
*Taller de Opinión es un proyecto de
El Colombiano, EAFIT, U. de A. y UPB que busca abrir un espacio para la opinión
joven. Las ideas expresadas por los columnistas del Taller de Opinión son libres y de ellas son responsables sus autores. No comprometen el pensamiento editorial de El Colombiano, ni las universidades
e instituciones vinculadas con el proyecto.