Columnistas

Joan Didion

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09 de noviembre de 2017

Algo bueno ha hecho Netflix por nosotros, ha ofertado documentales que nunca, tal vez, aparecerían en televisión. Con dos documentales buenos que uno vea, se libra la mensualidad. La cuota de este mes ya la libré con lo único que he podido ver: “Joan Didion, el centro cede”. Dos cosas buenas de este documental: la forma tan íntima como fue construido (lo dirigió Griffin Dunne, sobrino de ella) y el poder conocer más a esta gran escritora norteamericana que se ha traducido poco al español, y lo poco que se ha traducido no es fácil conseguirlo en Colombia.

Por eso, creo que una forma de empezar a conocerla, para después leerla, es viendo este documental que hace un recuento casi cronológico por la vida de Didion (5 de diciembre de 1934). El primer acercamiento que ella tuvo con la escritura fue a través de un cuaderno enorme que le dio su madre, con la sensata sugerencia de dejar de quejarse, lo mejor sería que aprendiera a entretenerse escribiendo sus pensamientos. Así empezó a hacerlo. Así nunca ha dejado de hacerlo. Joan siempre ha escrito para pensar lo que piensa, lo que siente.

En su último año en la Universidad de Berkeley, ganó un premio convocado por la revista Vogue y se fue a vivir a Nueva York. Llegó cuando tenía 20 años. Vogue era la revista de moda más destacada. “Debías aprender a escribir con ironía o con cierto tipo de humor que atrapara al lector. Había que hacerlo en un espacio reducido. No existía el lujo de escribir y escribir”, recuerda una colega suya en la revista. Años después, sería una de las más reconocidas en el llamado Nuevo Periodismo. Sus trabajos sobre la dictadora en El Salvador, Hollywood, la generación Hippy en San Francisco, y más tarde sobre las desastrosas decisiones políticas en Estados Unidos, fueron publicados en The New Yorker y The New York Review of Books.

Dos personas fueron muy importantes en su vida, su esposo Jhon Gregory Dunne, quien también era escritor, y su hija Quintana, una niña que llegó a su vida por una llamada telefónica. Ambos murieron cuando ella menos lo esperaba, ambas muertes inspiraron dos de sus libros más conmovedores, porque son la demostración de que la escritura ayuda a entender, incluso el dolor que uno jamás espera conocer. “El año del pensamiento mágico” es sobre la muerte de su esposo; “Noches azules”, sobre la muerte de su hija dos años después.

El documental tiene un tono melancólico, una angustia constante que se ve en las frágiles manos de ella. Hay momentos felices, pero uno sabe que no serán largos, que apenas son respiros caprichosos que otorga la vida. Es un documental sincero y eso no es poca cosa. Es tiempo de volver sobre las letras de Didion, después de todo, el acto irrelevante de la escritura puede ser el acto más valiente de una vida que se pregunta sobre la existencia