Columnistas

Juegos estúpidos

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11 de diciembre de 2014

Por
Eduardo Correa Rivera
Universidad Nacional, Sede Medellín
Artes Plásticas, tercer semestre @ecorrearivera
eduardocorrearivera@gmail.com

Borges decía que el fútbol «es popular porque la estupidez es popular». Hasta buena parte del siglo anterior el fútbol tuvo fama de vulgaridad. Era, desde algunos círculos, una merienda para la voraz gentuza, peligrosa además por la susceptibilidad al fanatismo.

Lo irracional del juego ocasionaba, sin embargo, aficiones fortuitas que habían de ocultarse por la presión del ojo ajeno.

Se dice, por ejemplo, que Heidegger hacía maromas para mantener en secreto su empatía por el Bayern de Múnich, culpándose de un gusto a la luz exterior vergonzoso, como la sodomía.

Por fortuna la revisión del pensamiento en el posmodernismo amansó parte de la fobia por el balompié. Los intelectuales y artistas decidieron entenderlo y hasta lo convirtieron en tema de creación.

De eso, para suerte de los que somos hinchas de ambas cosas, han quedado verdaderas genialidades.

Parece, sin embargo, que un tufo reaccionario en la conversación pública de estos días ha desempolvado el viejo rechazo por el fútbol, por causa de algunos eventos lamentables que han ocurrido en torno a él: el muerto en España, las tragedias por la pólvora aquí, la congestión en las vías o la andanada de riñas.

He vuelto a leer los juicios trasnochados contra el deporte como la causa del caos. Hay muchos furiosos en redes sociales por lo estúpido, populista y peligroso del fútbol.

No sorprende que la gente necesite buscar chivos expiatorios por cada mal que ella misma produce. El fútbol no tiene la culpa de que lo sigan vándalos y asesinos, como tampoco la tiene el cine por la masacre provocada por un enfermo en una sala de proyección ni la tiene la música por los asfixiados en conciertos.

El crimen y el escándalo están en la naturaleza de algunos, no en el deporte, sin el cual buscarían otro pretexto para sus desmanes.

Con esta nueva inquisición volveremos al punto en que, como Heidegger, deberemos escondernos para ver el juego por miedo a ser cómplices de los delitos que la indignación de moda ha decidido imputarle.

*Taller de Opinión es un proyecto de
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