Juntos en el mismo viaje... en horas diferentes
La inmensa mayoría hemos lamentado la difícil situación que ha traído consigo la pandemia para empresas y personas, porque si bien unos pocos han caído parados, del efecto rebote no saldrá nadie sin heridas, ¡nadie! Y nuestro sistema metro no es la excepción. Está sufriendo, y mucho.
A lo largo de las líneas, el tranvía y los metrocables, el sistema de transporte masivo ha impactado la vida, los pasos, los recorridos, el bolsillo y el corazón de cerca de un millón quinientas mil personas cada día, siempre para bien. Hoy, por cuenta del que sabemos, está operando al 35 % de su capacidad normal. La caja se ha resentido y es momento de devolverle atenciones y ayudarlo a salir de la crisis.
¿Y cómo? Pues como siempre lo hemos sabido, pero nadie hace caso: Escalonando los horarios. Tómenlo como un clamor del cielo, señores empresarios: Es imperativo flexibilizar turnos en las fábricas, en los bancos, en el comercio, en las obras de construcción y en cada sector donde se vaya volviendo a la “nueva normalidad”. ¿Quién dijo, y dónde, qué todos tenemos que llegar a la misma hora a distintas partes? Es momento de entender que, en tiempos de incertidumbre, todos tenemos el deber moral, social, económico y civil de remar para el mismo lado, pero no podemos ir en el mismo vagón. Y es en serio: Las ayudas estatales pueden tardar mucho, si es que se dan, pero las suyas pueden ser en un dos por ya.
Ese 35 % representa muchos miles de millones menos, lo que dificulta su operación, en detrimento de toda la ciudad, y pone en riesgo la estabilidad laboral de 2015 servidores que le han puesto el alma a esta contingencia. Para los usuarios implica un rato largo de espera en las plazoletas antes de poder ingresar a la estación. Todos necesitamos la reactivación, pero de manera inteligente. Esto implica evitar que los desplazamientos se hagan entre las cinco y las siete de la mañana y a las mismas horas al final del día. A pesar de que el metro opera con toda su capacidad de trenes y frecuencias, necesita más usuarios en las horas valle, y es mejor: A un metro de ti, sin riesgo de contagio.
Nuestra vida cambió. Hemos adquirido hábitos nuevos y hemos desechado otros. La mayoría estamos aprendiendo a cumplir normas, a mantener vivos el amor y la amistad a pesar de la distancia, a dejar atrás los besos, los abrazos y un montón de cosas lindas; a vivir con un poco menos; a trabajar y a estudiar desde la casa. ¿Y no vamos a ser capaces de cambiar unos horarios para que el metro alcance, por lo menos, su punto de equilibrio y no se ponga en riesgo su operación, sostenibilidad y supervivencia? ¡No lo puedo creer!
Es el momento de defender nuestros intereses comunes. ¡Y si entre los antioqueños hay algún interés más común, equitativo e incluyente que el metro, que me lo envuelvan! Solo imaginar a Medellín sin él, enferma.