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¿Juntos pero... no unidos?

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21 de febrero de 2016

Hoy en día hay cada vez más estudios que confirman las desventajas que tiene para los niños el hecho de que sus padres vivan juntos sin casarse. Estas investigaciones indican que la relación de las parejas que no han sellado un compromiso matrimonial tienen mayores posibilidades de fracasar, lo cual es desventajoso tanto para ellos y sus hijos como para la sociedad en general.

La tendencia a que cada vez haya más parejas que cohabitan sin ningún compromiso matrimonial sigue aumentando.

Los principales motivos para ello es que ahora muchos de ellos no quieren sentirse atrapados en una relación definitiva, que no están dispuestos a asumir un compromiso que los ate de por vida o que le tienen miedo al divorcio debido a que hoy demasiados matrimonios están acabándose por cualquier motivo... o sin motivo.

Sin embargo, está visto que las parejas que cohabitan sin casarse viven inseguras y temiendo que su relación no prospere, precisamente porque no hay ninguna promesa definitiva que los una. Pero lo cierto del caso es que, si tienen hijos, irremediablemente estarán vinculados para toda la vida, porque la paternidad los obliga a asumir una serie de compromisos que incluyen compartir gastos, funciones, responsabilidades, lealtades, etc.

La experiencia demuestra que las parejas unidas en matrimonio tienen un mejor ambiente en el hogar, menos riesgo de sufrir abusos y más estabilidad emocional que aquellas que simplemente conviven.

Además, está comprobado que los niños criados en matrimonios estables suelen tener mejores resultados académicos y menos problemas de conducta. También se ha visto que quienes están casados suelen crear un mejor ambiente en el hogar, tienen menos riesgo de ser abusados por su cónyuge y gozan de un mejor bienestar emocional.

A decir verdad, el propósito del matrimonio no es simplemente contar con una pareja para que nos acompañe, nos sirva, nos mantenga o nos haga sentir felices. Es tener un cónyuge con quien cultivemos un amor profundo porque nos dedicamos a dar lo mejor de nosotros mismos “hasta que la muerte nos separe”, entre otras, porque no hay mejor esposo que el papá de nuestros hijos ni mejor esposa que su mamá.