Justicia climática para Medellín
Por fin algunos de los grandes y poderosos se están uniendo para hacer frente a las descaradas multinacionales que pretenden acabar el planeta. Están unidos influyentes cardenales del Vaticano apoyados por el papa Francisco; la ONU; el magnate George Soros; el economista Jeffrey Sachs; los gestores de “Ética en Acción” (un foro multilateral religioso, político y jurídico que busca influir a nivel global); las universidades de Columbia y Notre Dame. También el nobel de economía 2001, Joseph Stiglitz.
Tienen un plan de acción: contactarán los principales de Gazprom, Rosneft, ExxonMobil, Petro China, British Petroleum, Royal Dutch Shell, Chevron, Petrobras, Lukoil, Total, Statoil y ENI para invitarlos a participar voluntariamente de las responsabilidades ambientales del Acuerdo de París (2015). Si no responden, les entablarán demandas internacionales para lograr indemnizaciones concretas.
El papa Francisco está predicando desde el principio de su papado sobre el cuidado que debemos tener de esta casa común. Su encíclica Laudato Si es el documento que ha servido de base doctrinal para emprender acciones concretas, porque los gobiernos, como el de EE. UU., y los dueños de esas multinacionales, no pueden seguir “dando caramelo”, ni haciéndose los bobos ante la explotación despiadada que hacen de la Tierra, como si ellos mismos no dependieran de ella.
En alianza con la ONU, y con empresarios y juristas internacionales, el Vaticano adoptó la política que se llama “Justicia climática” que “promueve una transición justa a un futuro sostenible y libre de combustibles fósiles que a la vez proteja a las personas y países más vulnerables de los impactos del cambio climático”, explica Terra.org y también se ocupa de problemáticas como igualdad, derechos humanos, derechos colectivos y la responsabilidad histórica por el cambio climático.
No podemos seguir a merced de empresas a las que no les importa la vida sobre la Tierra, lavándose las manos con programas sociales que no compensan suficientemente el daño que causan, y que explotan la Tierra como si fueran sus dueños.
Ojalá que en este Valle de Aburrá una fuerte sociedad civil hiciera frente a la voracidad de los constructores y comercializadores de vehículos de combustible fósil, a quienes nadie ha logrado limitar, como si el derecho al trabajo estuviera por encima de la urgencia vital y el derecho de todos al oxígeno y al agua. Clamamos Justicia climática para Medellín.