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La atención, un tesoro

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19 de enero de 2018

Quien me califica de atento, muy atento, me hace un gran honor, del cual me siento orgullosísimo. La persona atenta crea un ambiente grato, sereno, acogedor. Atención viene de atender, que es acoger favorablemente o satisfacer un deseo, ruego o mandato, y también aplicar voluntariamente el entendimiento a un objeto espiritual o sensible.

Gran amenaza a la atención el incremento de los medios de comunicación, que llevan de modo espontáneo a esclavizarse de ellos y a vivir así en la sobrehaz de las cosas, con pérdida creciente del disfrute de las mismas, lejos de su profundidad. Las cosas importantes reclaman esmerada atención. Me intereso en seleccionar mis tareas concentrando en ellas la atención, y así encontrar los recursos imprevistos que da el despliegue sin límites de la fantasía creadora. Todo invento es fruto de una atención concentrada.

Para Buffon, el genio es una larga paciencia. Santa Teresa de Jesús, que cultivó la atención de modo admirable, nos dejó esta orientación: “La paciencia todo lo alcanza”. Asombra sobremanera cómo esta mujer, robándole tiempo al sueño, escribió obras portentosas de mística, fruto impresionante de una atención cultivada con esmero incansable.

La oración es un mundo de atención. Según la misma S. Teresa, orar es tratar de amistad con quien sabemos nos ama. Sabe una cosa quien tiene claridad y seguridad de la misma. Sé que Dios me ama en la medida en que cultivo mi relación de amor con Él. Cuanto más me concentro en Dios, más me inunda su amor divino, el secreto de mi madurez afectiva.

Sé una cosa tanto mejor cuanto más tiempo le dedico, cuanto más me intereso en sus diferentes puntos de vista, que me van descubriendo en ella tesoros inimaginables.

Como orante, me distingo, no por las oraciones que recito, sino por la atención con que cultivo mi relación de amor con el Creador, que por ser infinito, cuanto más atención pongo en él, más me pasma su amor divino haciéndome partícipe de su condición divina.

La atención es una actitud, no una cosa, vivir en sintonía con el misterio, la vida en profundidad. Mirar, escuchar y hablar, y sobre todo pensar y amar con atención, tiene en la oración el amaestramiento por excelencia. El hombre del siglo XXI tiene en el cultivo esmerado de la oración, la relación de inmediatez de amor con el Creador, el secreto para vencer las continuas distracciones de los medios de comunicación.

La atención me lleva a pensar y sentir siempre con amor, el tesoro que llena mi vida de sentido.