La batalla de los Estados Unidos
Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.
El presidente Barack Obama prendió la chispa de una guerra política que durará dos años y de la cual aún ignoramos sus consecuencias. Sabemos que será recia, que llevará a acusaciones de alto calibre de doble vía entre republicanos y demócratas, que significará el bloqueo de decenas de propuestas ejecutivas; pero es aún prematuro considerar el alcance que tendrá esta disputa para la primera potencia del mundo.
Pero, aunque parezca contradictorio, Obama ha hecho bien. Luego de que su partido, el Demócrata, saliera derrotado estrepitosamente en las legislativas hace un mes y perdiera la mayoría en Cámara y Senado, el mandatario se lanzó con una propuesta de reforma migratoria, por decreto, que alivia al menos a cinco millones de indocumentados, pero que es vista como una amnistía por un alto porcentaje de la población. El Presidente aseguró que ante los torpedos lanzados desde el partido Republicano a una reforma sustancial y completa, a él no le quedó más camino que hacer el cambio como una orden ejecutiva. Estados Unidos se prendió en llamas.
Sus críticos lo tildan de dictador y dicen que con la decisión ha partido el equilibro de poderes. Sin embargo, ya está hecho. La reforma no es todo lo que los inmigrantes esperaban y apenas beneficia parcialmente a la mitad de los 11 millones de indocumentados, pero es algo de lo prometido en el 2008. Para calmar los ánimos aseguró que también destinará más dinero para proteger las fronteras y evitar encarar, más adelante, un nuevo colapso del sistema migratorio estadounidense.
Los republicanos no aceptan nada de eso y su golpe de respuesta será congelar cualquier idea que salga desde el Salón Oval. Desde asuntos sobre la salud, pasando por nominaciones a cargos públicos hasta el presupuesto para que se mueva el engranaje estatal en el 2015. La batalla será prolongada y perjudicial para una nación que aún camina adolorida por su bancarrota del 2008.
Ahora, en momentos tan claves de la recuperación económica de la potencia, su futuro depende de la forma en la que luchen esta batalla política los dos partidos. En el retrovisor se ven cada vez más grandes una Rusia amenazante en el tema político y militar y una China que, a pasos amplios y seguros, crece exponencialmente con su economía y amenaza el liderazgo norteamericano.