LA CATENARIA REBELDE
Pegarse de comentarios apresurados para criticar por todo es una costumbre que se nos da muy fácil, tan fácil como hacer bolas de rumores infundados cuando algo extraordinario ocurre. Nos encanta bordar mantos de duda con perlas de cizaña.
Con las fallas presentadas por el metro hace pocos días, además de las voces exaltadas y desconocedoras de los afectados, se oyó la de una concejala de la ciudad que hablaba de falta de mantenimiento y desvío de recursos, como si hacer control político y ser malintencionados fuera lo mismo.
Que se vare un metro no debería ser noticia, pues ningún aparato está exento de fallos en ningún lugar del mundo. Pero el desbarajuste que se genera merece explicaciones para la comunidad. Y aquí las traigo, de primera mano, recibidas del gerente del Metro, Tomás Elejalde Escobar, sobre el daño, las reparaciones y las recaídas de las últimas semanas.
“El daño que ocurrió [...] es muy grave y se debe a causas que estamos investigando desde diferentes frentes, uno de los cuales es el eléctrico. Sobre este, nuestros expertos técnicos y profesionales tienen varias hipótesis, pues además de las reparaciones que han realizado, han hecho también procedimientos de medición especializada. Por ejemplo, el control de resistencia de puesta a tierra, control por termografía, inspección de las subestaciones y verificación de la configuración del sistema eléctrico. Además, se ha analizado la información técnica histórica que se tiene en SAP y las bases de datos como las del Siata con el tema de tormentas eléctricas. Nuestro equipo está siendo reforzado con expertos externos en fenómenos eléctricos transitorios y en temas inherentes a este tipo de problemas, que cuentan con los recursos técnicos e informáticos para las correspondientes simulaciones y análisis. En este caso será la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), la que nos apoyará en identificar las causas de esta coyuntura y poder darle total transparencia a la comunidad en general”.
Como se ve, nada se ha dejado al azar. Tampoco el mantenimiento: “Podemos descartar que la causa del problema sea de mantenimiento [...] Hace menos de dos meses, concluimos uno de mayor profundidad, precisamente, en ese tramo de la vía. Gracias a ese mantenimiento habíamos puesto piezas nuevas que se vieron afectadas por la causa externa que seguimos buscando solucionar de forma definitiva. [...] Para el Metro de Medellín las condiciones son muy exigentes, puesto que no contamos con vías alternas o líneas paralelas”.
El Metro toca la vida, los pasos, el bolsillo y el corazón de un millón doscientas mil personas todos los días, razón de mucho peso para no dejarlo solo ni culpabilizarlo de todo. Tenemos que estar con él, no contra él, a pesar de la catenaria rebelde que nos paraliza y se empeña en hacernos llegar un poco más tarde a nuestro destino de vez en cuando.
El sistema no es y no será infalible. Las fallas pueden presentarse en cualquier momento y ya sabemos lo que pasa. Se requieren planes de contingencia liderados por el Metro y articulados con la secretaría de Movilidad, el Área Metropolitana y la ciudadanía para minimizar el caos momentáneo: Extender el pico y placa para que el transporte público pueda circular, usar la bicicleta, trabajar desde la casa y flexibilizar horarios. Nada del otro mundo. Pero es urgente concretar soluciones de largo aliento: El tranvía de la 80, el tren de cercanías y ampliar la cobertura del Metroplús. Se vale soñar.