LA DIVINA COMEDIA, UN CLÁSICO EN LA ERA
DE INTERNET
Parece un milagro. La historia empezó como un empeño solitario de un joven profesor de literatura que invitó a la gente, a través de Twitter, a leer la Divina Comedia, durante 100 días, canto por canto, desde enero hasta abril: un viaje del infierno al paraíso a través de las páginas de la obra del poeta italiano Dante Alighieri, publicada hace más de siete siglos.
Cuatro días más tarde, la etiqueta #Dante 2018 ya tenía más de dos mil seguidores. Hoy, 28 días después, el número de lectores ya pasa de cuatro mil y la red social se ha convertido en una plataforma de lectura colectiva del libro en la que participan lectores de unos 20 países de América, incluso algunos donde no se habla español como Brasil, Estados Unidos y Canadá. También, lectores de países tan lejanos como España, China, Australia y Nueva Guinea.
La idea fue de un profesor argentino de literatura comparada llamado Pablo Maurette, quien vive en Chicago y es experto en el sentido del tacto en la literatura del Renacimiento. Esta es la séptima vez que Pablo lee la Divina Comedia, pero en esta ocasión decidió anunciarlo en Twitter y la noticia corrió como pólvora.
Al ser interrogado sobre por qué eligió la Divina Comedia ―una obra hermética llena de significados ocultos y símbolos anclados al pensamiento medieval―, Pablo respondió: “Porque es la mayor obra de la historia de la literatura. Porque es una obra infinita, inasible”.
Él asegura que no convocó a una lectura masiva: “Dije que iba a leer un canto por día y si alguien me acompañaba... Los cantos que componen el libro son 100. Un número cerrado, mágico. El asunto se volvió masivo, jamás lo preví, jamás lo imaginé”.
La lectura se ha convertido en una especie de peregrinación digital de miles de lectores desprevenidos, profesores universitarios, y hasta críticos de renombre expertos en la obra de Dante como el argentino Pablo Williams, el profesor de la Universidad de Harvard Mariano Siskind y el escritor colombiano Humberto Ballesteros. A ellos se han sumado ilustradores que publican a diario en la red un dibujo que evoca el canto que toca leer.
El ritual empieza cada día cuando el profesor se levanta en la mañana en su casa de Chicago, lee el canto del día en italiano, en voz alta, de corrido, y después lo vuelve a leer muy lentamente en español, mirando las notas que ha escrito un día antes. Luego, publica el primer twitt. Enseguida, la gente lo lee y empieza lo que él llama la “marea de comentarios en el océano de Twitter”: artistas que ilustran los cantos, gente que los comenta, lectores que graban su lectura en grupo, y hasta críticos que escriben un ensayo explicando a los lectores el significado del canto.
Un repaso a los mensajes ilustra el ritual. El 17 de enero, Pablo escribió: “Por cierto, estamos por la mitad del Infierno hoy. Hay que empezar a organizar fiestas para el sábado 3 de febrero, cuando salgamos del bajo mundo y volvamos a ver las estrellas”. De hecho, en Buenos Aires, ya están programadas lecturas colectivas para el día del último canto, en el paraíso, en abril.
Hoy, la caravana de lectores llega al canto 28 del Infierno. Un hombre con la cabeza cortada va caminando, sosteniéndola con su mano. La cabeza se lamenta, sollozando, de su destino, y del castigo que ha recibido por dividir lo que se hallaba unido. La cabeza pertenece a un consejero que sembró el odio en la corte.
Pienso: solo un poeta como Dante puede hacer esta clase de milagros: convertir en un paraíso las cloacas de una red social que parecía condenada a ser por siempre un infierno.