La esquina de la muerte
Jugaban fútbol y los juegos propios de la edad. Eran solo unos niños. Fueron creciendo como casi siempre sucede, sin que los demás se percaten. Ahora las tardes y las noches los encontraban reunidos en una esquina o en cualquier otro sitio del barrio.
Se fueron unos, llegaron otros como siempre sucede. Los años pasaron rápido. Acabó el colegio, pero la rutina no: reunirse, ahora desde más temprano. Poco más para hacer. Sus padres, como los de cualquiera: trabajadores. Y sus madres, de oficios religiosos al menos una vez en semana.
A veces se veía que algunos ya consumían marihuana, pero seguían siendo los ‘niños’ tranquilos de siempre.
Lo que era un sector calmado de un momento a otro vio la llegada de muchachos extraños en motos. Ahora la reunión era en torno a la tienda. Los del barrio no tardaron en tener su propia moto.
El entorno comenzaba a enrarecerse. Las bandas llegaron para extorsionar. Muchos de los que cobraban a negocios y casas eran los mismos que habían llegado en sus motos, cuyo ejemplo fueron irradiando. No escondían su accionar ni su trabajo.
En el Aburrá funcionan al menos 15 organizaciones delincuenciales grandes, de las que emanan 350 combos de norte a sur, de este a oeste. Cubren todos los sectores y la gran mayoría de barrios. También las zonas rurales.
Algunos de los jóvenes con años de andar parados en una esquina poco a poco fueron ganados por los que ahora eran sus amigos.
Por un tiempo nada parecía extraño, pero fueron capturando algunos miembros del combo y los del barrio tuvieron que sucederlos. Unos, con cara de niños, hicieron sus primeros trabajos. No tardó mucho saberse que habían cometido crímenes mayores. Estaban en la sin salida o eran parte del juego. En corrillos decían que sabían que su futuro era la cárcel o la muerte.
Las mayores oportunidades educativas de hoy no llegan a todos. No todos son pilos ni logran acceder a las becas que cada vez son más.
La esquina sigue siendo la casa de miles de jóvenes. No importa si hay jornada extendida en los colegios. El tema no es ese. Hay que ir a buscarlos para mostrarles esas oportunidades.
Uno de los ‘niños’ de la historia ya murió. No aguantó su nueva vida, mientras sus padres trataban de sacarlo del ambiente en que se movía. Fue tarde. Una historia real.
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