Columnistas

La familia es la primera víctima

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08 de diciembre de 2014

juanjogp@une.net.co

Aunque parezca redundante, la realidad de la familia enseña una indefensión abrumadora, como si desde todos los frentes se le lanzaran poderosas cargas de profundidad que siguen diezmándola. La institución familiar debería ser el objetivo central de todas las fuerzas sociales que definan el bien común como propósito, pero se ha convertido, al contrario, en el blanco de los ataques más destructivos. Son frágiles las estrategias para salvarla y fortalecerla, en tanto que desde la política, la economía, la seguridad, la tecnología, los medios de difusión y hasta la educación se le descuida, subordina, socava y menosprecia.

Hago particular énfasis en la indiferencia de no pocos órganos de comunicación que afectan la dignidad y la integridad de la familia mediante contenidos degradantes o insustanciales que no ayudan en nada a la información útil sobre la vida y la actualidad ni a la interpretación del sentido de lo que pasa y nos pasa, no inciden de modo positivo en la formación y el cultivo de actitudes y comportamientos éticos, inducen a simpatizar con un relativismo axiológico tendiente a la legitimación del todo vale, erigen falsos héroes al maximizar ejemplos de antivalores, ridiculizan el concepto de buenas costumbres y tradiciones, apologizan la violencia y el delito con la idea insensata de una libertad de publicación desmadrada y van acentuando la creación de mentalidades acráticas, ajenas a normas mínimas de orden, justicia, respeto y convivencia.

Las disposiciones constitucionales y legales sobre familia son extensas y abundantes. Pero el espíritu de las leyes se esfuma ante la contundencia de los hechos y la potencia de las amenazas circundantes. El mal ejemplo cunde, en los poderes estatales y en las empresas. Sería una necedad desconocer el impacto negativo de la manipulación de conciencias estimulado por educadores que perdieron el criterio pedagógico. La falta de sindéresis, extendida por todos los contornos de este país, no apareció por generación espontánea y es consecuencia de una suerte de estrategia subrepticia pero vieja y patente y cada vez más amplia contra la familia.

Acaba de efectuarse en la Universidad Pontificia Bolivariana una nueva edición del Seminario Permanente sobre Educación Superior. Generó una deliberación académica sobre la familia como cuestión trascendental. Hay diversidad de puntos de vista y enfoques. Pero lo esencial está en que desde el entorno universitario se tome la iniciativa de asumir con seriedad y sentido de responsabilidad ética el problema capital de la crisis de la familia. Anoche comenzó en firme la temporada de Navidad y Añonuevo. Es la fiesta entrañable de la familia, el encuentro alegre y esperanzador de generaciones, para unir voluntades en la defensa de la primera víctima del mal en sus expresiones más aniquiladoras. Invoco, ante todo, mi condición de abuelo.