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La fidelidad y la felicidad van de la mano

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01 de agosto de 2016

Es lamentable que hoy haya tantas parejas que deciden terminar su matrimonio por razones tan triviales como “debo encontrarme a mí mismo” o “necesito mi espacio”, como si acabarlo no fuera una decisión catastrófica.

Una de las razones para que hoy en día haya tantos divorcios es que la cultura de la entretención fomenta la idea de que ser felices significa vivir para gozar y pasarla bien a como dé lugar. Y por eso, hoy son cada vez más las parejas que se divorcian porque “no soy feliz.”

Sin embargo, a decir verdad, el problema no es tan solo de falta de amor, sino de falta de integridad porque así se deshonra la promesa que sellamos el día en que juramos ante Dios y ante la sociedad que nos amaríamos “hasta que la muerte nos separe”. ¿Cuál es el sentido de ese juramento si no hacemos hasta lo imposible por fortalecer nuestra unión por encima de todo?

Es cierto que en todos los matrimonios siempre hay desacuerdos, problemas triviales y problemas serios, al igual que experiencias felices y momentos inolvidables. La boda y la luna de miel son tan solo un estado temporal en el que estamos embriagados por un éxtasis de dicha que perdura por un cierto tiempo y por eso lo fundamental es darle prioridad a enriquecer el amor conyugal.

Un matrimonio sólido y estable es el producto de siempre vivir esforzándonos por mantener la suficiente comprensión y empatía para lidiar con las diferencias que surgen entre dos seres que son dos personas distintas. Así, para que el matrimonio prospere es indispensable que ambos nos dispongamos a pedir perdón, a superar las decepciones, a conciliar los desencuentros y a fortalecer nuestra unión.

Cuando nos dedicamos a enriquecer el matrimonio procurando siempre dar lo mejor de nosotros mismos, no será difícil perdonar los errores, fomentar la camaradería y darle prioridad a enriquecer la vida conyugal de manera que honremos la fidelidad que juramos cuando decidimos unir nuestras vidas.

¡Y es así como lograremos que nuestros hijos tengan la bendición de crecer en un hogar enriquecido por el amor que nos profesamos sus padres!.