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La geopolítica del desastre

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Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

15 de mayo de 2018

Hay momentos políticos escasos en los que el mundo cambia su estructura internacional frente a los ojos de un puñado de espectadores boquiabiertos. A veces ocurre con eventos insignificantes que se transforman en el primer fragmento de un efecto dominó, mariposa, con resultados impensados. Otros son golpes de fuerza o acuerdos diplomáticos públicos, bulliciosos, transmitidos por TV. Lo que acaba de pasar con Donald Trump y su salida del acuerdo con Irán pertenece a ese segundo grupo: el mundo ha cambiado y el presidente de Estados Unidos lo ha hecho saber con pirotecnia.

Aún en contravía de sus propios asesores y sus aliados europeos, el republicano decidió romper el acuerdo que tenía con Teherán, que funcionaba desde 2015 y con el que Occidente busca limitar el avance nuclear iraní a cambio de levantar una lista de sanciones comerciales. El pacto marchaba a buen ritmo, según lo reconocían en las presidencias de Europa y en los mismos salones de la actual Casa Blanca, pero Trump, que lo atacó sin conocer detalles, terminó por desecharlo de tajo. No va más -dijo-, porque es un pacto firmado por Obama, inconsecuente, con problemas de raíz y perjudicial para hacer a America Great Again. Y no dio más explicaciones, ni cifras, ni argumentos.

E inmediatamente después, tembló. Subió el precio del crudo, Irán se mostró sorprendido por el incumplimiento de la palabra empeñada y Europa movió la cabeza en señal de desesperación. Con este señor de bronceado naranja no hay razonamiento posible. Angela Merkel, canciller alemana y cabeza visible de la Unión Europea, fue contundente con una frase: “Hay conflictos a las puertas de Europa y la época en la que podíamos confiar en Estados Unidos se acabó”. Los lazos construidos tras la Segunda Guerra Mundial atraviesan su peor momento.

Pero Trump adora ver el mundo arder siempre que el protagonismo recaiga en sus hombros. Mientras tanto desprecia las alertas de guerra que acarrea su decisión. Mientras tanto Israel, envalentonado por las determinaciones de Washington, ataca a Siria. Mientras tanto el mundo árabe interpreta los hechos como gasolina para sus nacionalismos y quema banderas de barras y estrellas.

El multimillonario ríe y dice que todo está bajo control. Que ahora unirá la península de Corea en una sola república y nadie más que él merece el premio Nobel de la Paz.