La industria colombiana en el siglo XXI
El número que está circulando de la revista Ensayos de Política Económica (ESPE), del Banco de la República, contiene un análisis interesante sobre el tema de la industria (Carranza, Juan Esteban et al. “La industria colombiana en el siglo XXI”), un sector fundamental para la economía colombiana por su aporte en valor agregado y empleo. Con ese estudio la revista inicia una nueva etapa en la cual, si bien el análisis se continúa haciendo con todo el rigor científico, el énfasis está en la narrativa y en la forma de describir los hallazgos obtenidos con el instrumental disponible. El formato de los llamados documentos de política (policy papers).
En el documento se corrobora la reducción en el largo plazo de la participación del sector industrial en el PIB, un patrón que se da por el desarrollo de las economías y en beneficio de los sectores terciarios. En efecto, las firmas manufactureras colombianas muestran entre 1990 a 2015 una caída en la participación de su valor agregado en el PIB. que se aceleró después de 2009, algo que se ha visto en América Latina y en el resto del mundo desde un poco antes, la crisis financiera de 2007.
Un comportamiento similar, aunque más tenue, se da en las cadenas de valor industriales. En otras palabras, también se da una reducción en la participación en el PIB de actividades encadenadas a la producción del bien final industrial, que “incluye firmas en distinto sectores de la economía y, en el caso de las cadenas globales de valor, distintos lugares en el mundo”. A pesar de la reducción en participación de la industria y sus cadenas de valor, todavía entre ambas representan casi una tercera parte del PIB (32 %).
La producción industrial enfrenta problemas de demanda y de ahí su incapacidad de crecer, esto podría ser algo ya conocido que se observa en casi en todo el mundo, concluye el documento. La industria colombiana tuvo buenos tiempos en la primera década del siglo, las exportaciones industriales a Venezuela atenuaron la tendencia a la reducción de la demanda por bienes industriales en beneficio de otros bienes y servicios, pero ese efecto desaparece posteriormente.
Hay dos conclusiones que ponen a pensar. La primera es una recomendación de política. La caída permanente de la demanda relativa de bienes industriales hace que no tengan sentido políticas públicas para “inducir un crecimiento industrial por encima del crecimiento del resto de la economía”. Pero las políticas que “flexibilicen la tercerización de servicios y la importación de insumos permitirían el impulso de estos encadenamientos más allá de su componente estrictamente industrial”.
La segunda es un hallazgo relacionado con la macroeconomía. Los efectos de la tasa de cambio real sobre la producción son limitados. Las firmas industriales dependen de los insumos y bienes de capital importados por lo que en los “choques cambiarios”, esa dependencia compensa los efectos sobre la oferta industrial. Un buen aporte al debate.