El miércoles lloré, como muchos en el país, mientras observaba las horrorosas imágenes de video en Baton Rouge, Louisiana, que muestran a un hombre negro siendo asesinado a disparos, en la espalda y el pecho, después de ser sometido a la fuerza por dos policías blancos. El jueves, desperté con la noticia de un hombre negro en Minnesota, abaleado por la policía durante una detención de tráfico. Estoy devastada y enfurecida.
Alton Sterling está muerto. Philando Castile está muerto. Mi hijo, Michael Brown, ya lleva casi dos años de muerto .
La muerte no es bonita para nadie, pero lo que estas familias enfrentan ahora es el horror de ver a sus seres queridos morir una y otra vez, en público, de una forma tan violenta. Enfrentan la impotencia ante desconocidos que juzgan a su ser querido no por quién era ni lo que significaba para su familia sino por unos segundos de video. Sterling murió solo, rodeado por sus asesinos. ¿Puede imaginarse una muerte más sola? Castile murió mientras su novia y su pequeña hija observaban mientras era abaleado.
A veces parece que lo único que podemos hacer en respuesta a la brutalidad policial que mi hijo y tantos otros jóvenes y hombres negros han sufrido es rezar por las vidas negras.
De nuevo hay un alboroto, y las personas una vez más van a hablar mucho sobre crímenes de negro contra negro versus blanco contra negro. La verdad es que el crimen negro contra negro es perpetuado por la injusticia sistémica y los males sociales.
Es un problema cuando uno ve a la ley como un protector y este entra en su comunidad y asesina a personas a balazos sin remordimiento ni consecuencias. Es un problema tener a algunos oficiales de la ley que tratan de hacer lo correcto, y luego otros que son una vergüenza para la insignia.
Alguien me preguntó qué le diría yo a la familia de Sterling si tuviera la oportunidad. A decir verdad, no sabría qué decir. Cuando Michael fue asesinado, la gente trató de hablarme, pero yo estaba en shock; no sabía cómo responder. Después de un tiempo, todos los ‘pésames’ se fundieron, y al final, nada cambió. Deje que los familiares de Sterling hagan duelo con las personas en sus vidas que lo conocieron.
Las madres que he conocido en el camino, Sybrina Fulton, la madre de Trayvon Martin; Wanda Johnson, la madre de Oscar Grant III, nos hemos ayudado unas a otras a sobrellevar, y trataremos de hacer lo mismo para las familias de Sterling y Castile. Nunca olvidaré cuando conocí a Samaria Rice, la madre de Tamir Rice. Yo miré a esta mujer fuerte y me impactó pensar que apenas estaba comenzando una terrible travesía, una que jamás terminará, una en la que yo aún me encuentro.
Cuando sus hijos son asesinados, se espera que las madres digan algo. Para ayudar a mantener la paz. Para ayudar a crear cambio. Pero ¿qué puedo decir? Sólo sé que tenemos que hacer algo. Nos enseñan a ser pacíficos, pero no estamos en paz.
Las personas tratarán de tergiversar las palabras de las familias de Sterling y Castile y convertirlas en algo feo. Estos hombres serán llamados ‘matones’ y mucho, mucho peor. Ya está sucediendo. Haga click sobre las secciones de comentarios de cualquier artículo que lee sobre sus muertes, y se asombrará ante los comentarios racistas de las personas que insisten, insisten, en que obviamente merecían morir.
Entonces ¿qué les diría a sus familias? A las personas que realmente me gustaría decirles algo son aquellas que dicen que la justicia vencerá. ¿La justicia de quién? Cuando la justicia llegue a quienes no presionaron el gatillo, es entonces cuando les creeré.