la máquina del tiempo en el sector educativo nos da señales
¿Qué pasa cuando participamos de un foro en el que nos damos cuenta de que las preguntas que nos formulamos actualmente en el sector educativo, son las que Chile se hizo hace 25 años y las que muchos países, incluido el nuestro, se vienen haciendo? Entiendo que cada país tiene una historia distinta en materia educativa, pero sería poco estratégico no tener en cuenta algunas lecciones.
Según Educación 2020, que nos acompañó la semana anterior en un foro en Medellín, los pilares en Chile hace 25 años en la reforma educativa eran desarrollo profesional docente, innovación educativa, mejoramiento curricular y pedagógico y jornada escolar completa; mucho en común con las actuales reflexiones de la política nacional.
Me concentraré específicamente en jornada completa: un proceso importante para el sector donde lo clave es ponerse de acuerdo en el propósito y uso del tiempo escolar. 20 años después de implementada la jornada en Chile se encuentran establecimientos con doble jornada con resultados excelentes, establecimientos con jornada única que evidencian mejoras importantes y otros donde no ha pasado mucho. Estos resultados están generando reflexiones críticas sobre la construcción del proceso, el alcance y las áreas que se priorizaron para extender la jornada.
Gradualidad es una palabra recurrente al revisar con detalle la experiencia chilena; hoy el proyecto de jornada completa va en un 90 % de ejecución. Esta pasa por hacer preguntas y reformas en paralelo a temas como la carrera docente, los recursos para el sector, un enfoque multisectorial en torno a todas las dimensiones del aprendizaje para no hacer más de lo mismo y, sobre todo, valorar la mística y convicción de los docentes y directivos como actores de la transformación.
Con respecto a las evaluaciones de impacto, en las primeras etapas la implementación reflejó más tiempo de los niños en la escuela, la incorporación de las madres al mercado laboral (aumentó en 5 %) y algunos avances en el capital cultural de las familias. Sin embargo, no se evidenciaron impactos en los aprendizajes. En 2005 se observaron mejoras en equidad y agotamiento en algunos de los actores del sector. En 2013 se estimaron mejoras tímidas en las pruebas nacionales, sobre todo en zona rural, además hubo poca credibilidad en actores como docentes, niños y jóvenes, porque algunas de las promesas en materia de carrera docente no se habían cumplido aún y los estudiantes percibieron las horas adicionales como más de lo mismo. Pareciera que la extensión en la jornada solo buscara prepararlos para pruebas estandarizadas.
Caminar hacia una jornada única invita a actores públicos y privados a construir propuestas ambiciosas y concretas frente a los aprendizajes que esperamos logren nuestros estudiantes y a los retos que esto plantea para el desarrollo profesional docente y los ambientes de aprendizaje (condiciones físicas e interrelaciones que lo hacen posible). Debemos entender que el aprendizaje no está solamente entre los muros de la escuela y que cultura, ciencia, tecnología y educación son una unión poderosa para hacer de este un proceso distinto que conecte a nuestros niños y jóvenes con sus contextos y con lo que los moviliza.
Colombia debe precisar las variables que hacen parte de la implementación para el desarrollo integral del estudiante. La inversión es alta y la intención noble, se necesita además garantizar una comida sana, transporte escolar, maestros, ambientes de aprendizaje, adaptación curricular, así como el desarrollo de industrias locales que permitan superar problemas estructurales de las comunidades y de la provisión de los servicios. Nuestra problemática educativa es compleja y la dificultad de implementar la jornada única en algunas regiones es alta en el corto plazo. Por ello se necesita avanzar con las secretarías de Educación e instituciones en la construcción de alternativas sobre el uso del tiempo escolar.
Sin importar la región ni la institución donde se implemente la jornada única, transitar hacia una Colombia más educada implica promover transformaciones desde los actores mismos, transformaciones que toquen la fibra de docentes y directivos desde sus deseos, convicciones y necesidades trascendiendo de una política de gobierno a impactos en los aprendizajes de los niños, en su vida y en el desarrollo de la sociedad * Directora Ejecutiva, Fundación Empresarios por la Educación.