La marcha y lo sagrado
Desde el ¡No matarás! de Moisés con sus tablas de piedra, no se recuerda a otro profeta que citara a marchar por la vida con tanta nitidez. Suena disparatado el parangón, pero lo realmente excesivo es que en las alturas presentes de la evolución exista un país al que haya que gritarle que existir es una prerrogativa sin impugnación.
¿Sin impugnación? Quién sabe. El sábado pasado el columnista Adolfo Zableh –a quien es imposible parar de leer- argumentó en El Tiempo que como hay demasiados habitantes en el planeta, la gente sobra. ¨Si no estuviéramos acá, no pasaría nada¨, remató luego de explicar que no sabemos ni a qué nos traen al mundo.
De modo que no cabemos, y si cupiéramos ignoraríamos para qué. Conclusión: a matar gente. Tajante raciocinio.
¿Es que la vida no puede defenderse a secas, por sí misma? ¿Acaso el hecho múltiple de respirar, escrutar al cielo, dormir la doble vida del sueño, temblar ante la fragilidad de un niño, no tiene valor como experiencia estética? ¿Es que el dolor no puede ser reconocido como sendero hacia la seriedad del reconocimiento de uno mismo?
El argumento de los siete mil millones de competidores es apenas cuantitativo. ¿Si nos hubiéramos detenido en cinco mil, la cosa variaría? ¿Cuál es la cifra más allá de la cual debemos acabar a mordiscos con el prójimo? ¿Ya mismo, al completar los ocho mi millones, o los diez mil? ¿Hasta cuándo habrá cama pa´ tanta gente?
No saber a qué vinimos: este parece ser el nudo gordiano. No es que sobre gente, es que falta sentido. Si fuéramos solo diez, pero careciéramos de norte, nos mataríamos a garrotazos. Tal como se combatirá en la tercera guerra mundial, después de la quemadura nuclear orbital.
Así que la marcha por la vida es marcha por la inspiración de la vida. De ahí que la convoque Antanas Mockus quien es matemático, filósofo y loco. En otras palabras, científico, poeta y visionario.
El significado de la vida, en este tiempo sin alma, sin pensamiento y sin divinidades, está siendo construido por astrofísicos, cantores, neuroespecialistas, rapsodas, programadores de contenido web, narradores con ritmo. Sobre los dos pies del telescopio y la palabra, una nueva humanidad varias veces mil millonaria marcha, marchará en nosotros el domingo, para conjeturar lo que rumora el adjetivo ‘sagrado’.