Columnistas

La mentira en la política

Loading...
04 de octubre de 2016

“Nunca se mintió tanto como en nuestros días. Ni de una manera tan desvergonzada, sistemática y constante”, escribió el historiador de la ciencia Alexandre Koyré al referirse al totalitarismo. Esta descripción la podemos extender a Colombia, que en estos años de aguda confrontación política, determinados por establecer fórmulas para definir las condiciones de la negociación con las Farc, ha estado bajo la influencia de cantidades enormes de mentiras. Estas mentiras no son de políticos totalitarios, que no hemos tenido, sino en su mayoría del populismo de derecha, que con astucia política ha sabido poner algunos diarios, emisoras, a RCN, y a las redes sociales al servicio de la mentira. Pero el Gobierno también fue mendaz y utilizó con desmesura su aparato de propaganda.

No voy a enumerar la cantidad de mentiras que han usado en estos años los actores principales en esta disputa. Pero voy a nombrar los problemas que resultan del uso masivo de la mentira política en Colombia. Se ha afectado de manera grave a la sociedad, se ha desconocido el valor moral del adversario, se ha ignorado la fuerza renovadora de las nuevas generaciones, y se ha negado la posibilidad de que el país supere la polarización, la violencia y el odio en el que hemos vivido desde que hace 68 años se asesinó a Jorge Eliécer Gaitán.

La mentira política se caracteriza porque se fabrica en masa y se dirige a la masa, es de un estándar muy bajo, se distingue por la bajeza y la ordinariez de sus acciones, que muestran un desprecio absoluto por la verdad, como vimos en videos, memes, historias de hackers, etc.

Ahora bien, podemos preguntarnos: ¿es inaceptable el uso de la mentira en la política? ¿Es acaso la primera vez que se miente en la ciudad del hombre? No, hay que decirlo con realismo, es un asunto muy antiguo. “La mentira es tan vieja como el mundo, o, al menos, como el hombre” (Koyré). Maquiavelo fundamentó la mendacidad en la política al aconsejar al hombre de Estado sobre las consideraciones morales, que existen y prohíben la mentira y la infidelidad, pero, afirma, “el príncipe debe actuar como si no existieran”.

Para los populismos de izquierda y de derecha, la mentira es un arma. La democracia social y constitucional niega esta perspectiva. La veracidad pone las bases de la obediencia del ciudadano al derecho que el Estado establece. En la política debe haber una prohibición de mentir.

En los populismos de derecha e izquierda no son importantes la capacidad de pensar, la razón y el juicio; ellos se basan en la pasión, no saben pensar, ni actuar; solo saben obedecer y creer. Pero una política democrática debe articular la sagacidad con la moral. Kant escribe: “Sed listos como las serpientes”; la moral añade “y sinceros como las palomas”. En la política que debemos construir no hay que permitir que la conducta de las serpientes políticas se nutra de una doctrina inmoral de la sagacidad. Hay que crear el político moral.