La moda de nuestros símbolos patrios
Por Sergio Iván Gutiérrez R.
Corp. Universitaria Americana
Facultad de Derecho, 5° semestre
sergioivando@hotmail.com
Lo distintivo de una nación, sin lugar a duda, son sus símbolos patrios. Ellos representan el sentir de un pueblo, sus riquezas, sus valores y hasta sus luchas; llevan la impronta del sentimiento más sagrado de un país. Su patriotismo.
Pero a veces, los olvidamos con facilidad. Aún peor, los condenamos a la extinción. Dichosas las generaciones que han podido contemplar el vuelo majestuoso del cóndor de los andes, ver florecer la orquídea de extraordinaria belleza; y observar en campo abierto la imponente verticalidad de la palma de cera.
Quizás, a muchos les parezca insignificante recordar estos elementos representativos de nuestro país. A otros les puede parecer suficiente escuchar la primera estrofa del himno nacional en un partido de fútbol, o ver izada nuestra bandera el 20 de julio.
Pero, ojalá sean más los que conocen el coro y las once estrofas de la obra de Rafael Núñez y Oreste Sindici y las cantan desde el fondo del corazón con la mano en el pecho; los que no solo sacan la tricolor un día al año, sino que la lleven consigo en su diario trasegar.
Esto dice mucho del tipo de ciudadanos que somos, de cuanto amamos a nuestra patria y de qué tipo de tesoros estamos dispuestos a dejarle a las generaciones venideras. Como un colombiano más, que ama a su país, quiero hacer un llamado a lo más profundo de la conciencia de cada uno de nosotros, para que con nuestro invencible amor a la patria, propendamos por la conservación de nuestros símbolos patrios.
No sería justo para las nuevas generaciones, tener que contemplar nuestra ave nacional, nuestra flor nacional y nuestro árbol nacional, en fotografías. O tener que lamentar, que algún día fuimos ricos en esmeraldas, flora y fauna; que mitigábamos la inclemencia del sol con un sombrero hecho en cañaflecha y que por nuestros bosques paseaba un particular animal llamado oso de anteojos.
Nuestra patria debe permanecer perpetua, representada en los símbolos que nos identifican. Para ello, necesita del compromiso de cada uno de nosotros. Hijos de una tierra sin igual.
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