La nariz tapada
La foto muestra a Nicolás Isaksson, exempleado de Reficar, con una mano en la nariz haciendo un gesto similar al de evitar un olor nauseabundo. La tomaron después de que este abogado pidiera perdón a la junta directiva de Ecopetrol por permitir prácticas de bandoleros que derivaron en un desfalco de más de $2.000 millones en la construcción de la Refinería de Cartagena.
Vuelvo y digo, qué foto más reveladora: cuando se habla de corrupción todo huele mal. Es el olor más asqueroso que pueda haber.
No fue sino que los hechos de Reficar revivieran con el perdón de Isaksson para traer a colación otros rollos en los que hay envueltos millones de pesos perdidos. Reficar, entonces, se mimetiza y queda como un ejemplo más, porque en la tierra del divino baby hay una inercia infinita en la que meter la mano en lo cochino es todo un fetiche.
Pero qué más da. Aquí, por más que la corrupción sea un asunto de la mayor preocupación ciudadana, la cosa es realismo mágico puro. ¿Qué seriedad puede tener un país cuando pasan cosas tan absurdas e indignantes como aquella en la que al gobernador de San Andrés y Providencia, Ronald Housni -la mayor dignidad del archipiélago, diría el protocolo- se lo llevan directico a la guandoca por corrupción y, de un momento a otro, nos damos cuenta de que vive como un rey en su celda con plan de televisión por cable, computador portátil y quién sabe cuántas cosas más. Feo.
Uno no sabe si por debilidad, complacencia o gustico particular, la clase política avala el poder corruptor. Quienes representan a la gente en el ejercicio de lo público y los que imparten justicia, cargan tristemente con la fama de ser expertos en las marrullas que abren de par en par las puertas a la corrupción. Lo triste es que la gente del común, la que tiene el poder de denunciar, se contagió de desidia e importaculismo. ¿Para qué aventarlos si los cogen y los vuelven a soltar? Entonces, todo termina en impunidad. Pulcra impunidad.
Ahí es cuando uno se pregunta dónde carajos quedó lo más obvio del mundo, eso que la sabiduría popular puso a disposición de la gente: lo que no es suyo no se toca, más rápido cae un mentiroso que un cojo, una naranja podrida daña el bulto, lo que empieza mal termina mal, el que entre la miel anda algo se le pega...
La cosa es muy simple: vamos camino a la inviabilidad si no frenamos la corrupción. Sí, frase cliché, pero qué le hacemos, pues... toca decirla, porque si no, la competitividad de esta tierra se viene abajo, el grado de desinstitucionalidad será absurdo y, como en la foto, tocará vivir con la nariz tapada por culpa de la hediondez de esa cloaca llamada corrupción.