LA PAZ: ¿UNA MARRANA MAL CAPADA?
Nuestra realidad política es tan compleja que nos separa, nos divide, nos lleva a extremos peligrosos, sin posibilidades de admitir que los términos medios existen y que no por eso somos tibios ni nos falta decisión. Así lo evidencié hace unos días, cuando recibí un mensaje enviado a algunos amigos por el abogado Gilberto González, con el que me identifico casi de pe a pa. Y una respuesta enviada por el ingeniero Luis Fernando Múnera, con la que también me identifico casi de pe a pa.
Comparto apartes de ambas posiciones:
Dice Gilberto: “Ahora, cuando se ponen en evidencia todas las fallas del proceso que condujo al acuerdo de paz, tanto en la implementación como en lo que atañe al acuerdo mismo, que en algunos aspectos fue un lamentable espectáculo de piernas abiertas por parte del gobierno, tenemos que admitir que la paz conseguida no podrá ser la deseada por los colombianos, con verdad, justicia y reparación reales y efectivas”.
Responde Luis Fernando: “El acuerdo fue bien diseñado, pero lo acordado no se ha podido implementar. Hay bases para seguir trabajando si quisiéramos. El país viene disfrutando hace casi dos años de la ausencia de atentados por la antigua guerrilla de las Farc, materializada por el hecho de que un número mayoritario de sus miembros se desmovilizaron y de que se recuperaron nueve mil armas ilegales que antes estaba en sus manos”.
Vuelve Gilberto: “Es lamentable que a quienes no compartimos la manera como se adelantó el proceso de paz se nos tache –a todos sin excepción– de enemigos de la paz, de guerreristas y hasta de uribistas, encasillándonos en una preferencia política que no todos tenemos. El país se ha polarizado en torno del acuerdo de paz, y frente al presidente Santos y al expresidente Uribe, y esa polarización es un factor indeseable en la normalización del país, que ya tiene suficientes problemas con el narcotráfico, la corrupción y el crimen organizado, llámese Eln, Farc (¿residual?) o bacrim, amén de la delincuencia rampante del día a día, que nos está acorralando y que cada vez toma más fuerza gracias a la impunidad, ese otro cáncer que nos está devorando”.
Para Luis Fernando, “La polarización ha impedido que en el país se genere una verdadera voluntad para construir la paz y la convivencia, y, por el contrario, ha convertido este asunto en un factor de división entre nosotros. El proceso de paz no puede confundirse con el hecho de que bandas criminales comunes, disidentes de Farc y el Eln continúen con actividades violentas y delictivas”.
Según Gilberto, “Cuando algo les quedaba mal hecho, nuestros campesinos decían que les había quedado mal capada la marrana, y eso nos pasó con el proceso de paz”. Luis Fernando, en cambio, piensa que “la marrana sí quedó bien capada, pero la sutura se abrió y se está infectando”.
Como en un partido de tenis, punto para el uno, punto para el otro. Terminé identificada, en mayor o menor medida, con ambos “jugadores”. Y finalmente llegué a un cuento viejo: El fanatismo nos está matando a mordiscos, pero en medio de este pantanero es necesario que aprendamos, si no a tomar lo bueno de este o de aquel, por lo menos a respetar la diferencia. Se vale discrepar, se vale estar en la otra orilla y tender puentes, no muros infranqueables en nombre de la paz.