La resiliencia de Jairo
La resiliencia es la capacidad de romper el círculo de la victimización. Pensé en esta definición mientras escuchaba a Jairo contarme su historia, una de estas historias anónimas de la cual está llena Medellín.
Encontré a Jairo en la universidad Eafit, donde está cursando el primer semestre de una ingeniería; un extraordinario momento en su vida, producto de un camino difícil, conmovedor e inspirador. Porque las cosas nunca fueron fáciles para Jairo.
De hecho, este joven, que hoy tiene 18 años, nació en una vereda del municipio de San Roque donde su papá trabajaba como campesino en una pequeña finca. Para ir a estudiar Jairo caminaba tres horas diarias sin importar el clima. Hasta que, por el abuso sexual que sufrió una prima de tan solo cuatro años, la familia decidió trasladarse a Medellín. Adaptarse a la ciudad no fue fácil, porque, a diferencia del campo, para conseguir cualquier cosa se necesitaba plata. Por eso, el papá de Jairo se la rebuscó por las calles de Medellín como reciclador. Le llevaba a su hijo de vez en cuando pedazos de aparatos electrónicos que encontraba en la basura y que se convirtieron en sus juguetes. Fue así como Jairo empezó a desarrollar una pasión por la electrónica.
Pero las cosas se pusieron aún más difíciles. Primero fue un accidente en un bus, después el diagnóstico de un cáncer, esto sumado a todas las dificultades de la vida causaron la muerte del padre de Jairo, quien a los doce años quedó huérfano de padre.
“Nos tocó arrancar desde cero, porque ya no teníamos quien nos ayudaba”, dice Jairo con los ojos aguados. Para sobrevivir llegó a vender dulces en su colegio. Es a veces en los momentos más oscuros de la vida que esta se encarga de lanzar una cuerda de salvación. En el caso de Jairo esta cuerda fue la Fundación Conconcreto que operaba en su barrio. La fundación reconoció en su mirada no solo desolación y tristeza, sino también su inteligencia y fortaleza. Con el apoyo de la fundación, Jairo empezó a construir su proyecto de vida alrededor de la electrónica y en particular de la robótica.
Fue el inicio de un nuevo camino. Jairo llegó a participar en algunos concursos internacionales de robótica en Miami llegando tercero con su equipo que, gracias a su liderazgo, ya no estaba formado solo por estudiantes de colegios privados, sino también públicos. Cuando llegó la hora de inscribirse en la universidad, Jairo le escribió una carta al rector de la Eafit, compartiendo su historia y su sueño de estudiar allá. Fue así como se ganó una beca que le ha permitido comenzar una carrera de ingeniería.
La inteligencia artificial es la pasión de Jairo. En este momento está trabajando con sus amigos en un dron que pueda detectar las plagas que afectan a las plantas. Pero Jairo tiene otro sueño también: contribuir a mejorar la educación pública, para que todos puedan acceder a una educación excelente, sin tener en cuenta el estrato social. Porque por experiencia sabe que la resiliencia abre puertas y ofrece oportunidades.