LA SABIDURÍA DEL TIEMPO
No sé si “La sabiduría del tiempo” habrá llegado a las librerías colombianas. Creo que será uno de los libros más leídos de este año. Apenas he podido leer algunos fragmentos y ya estoy maravillado con sus historias. En sus páginas, 30 ancianos de 30 países ―entre ellos el Papa Francisco― hablan con los jóvenes sobre las grandes preguntas de la vida, el amor, la muerte, la violencia, la esperanza, y sobre la capacidad de luchar y no rendirse ante las dificultades.
El Papa escribió el prefacio, comentó los testimonios y contó su propia historia: él también ―dijo― ha tenido que aprender a ser anciano. Según Francisco, nuestra sociedad ha privado a los abuelos de su voz: “Les hemos quitado su espacio y la oportunidad de contar sus experiencias, sus historias. Les hemos puesto a un lado y hemos perdido el bien de su sabiduría”.
Me enteré del libro por una foto en la que aparece el director de cine Martín Scorsese conversando con Francisco en El Vaticano. Scorsese, de 75 años, fue uno de los entrevistados. El libro fue lanzado a fines de octubre durante la última semana del sínodo dedicado a los jóvenes.
En la presentación, el Papa respondió preguntas de tres muchachas de Italia, Colombia y Estados Unidos, autoras de algunas entrevistas, y de varios protagonistas del libro, entre ellos una maestra de Florencia, un par de abuelos de Malta y el director de cine estadounidense Martin Scorsese.
Federica Ancona preguntó cómo ser feliz creando relaciones auténticas en un mundo falso, donde predomina la competencia. Francisco respondió criticando la cultura del consumo, en la que solo cuentan las apariencias y el éxito personal. Como réplica, propuso un gesto: “La mano extendida, que nunca se ensucia y solo es capaz de dar, para oponerse a la mano cerrada de la competencia, que solo es capaz de tomar”.
Martin Scorsese dijo: “Santo Padre: hoy en día se cree que la bondad no es más que una postura, y que la humillación, la destrucción y el terror son simplemente el camino del mundo... ¿Cómo vive un ser humano una vida buena y justa en una sociedad motivada por la codicia y la vanidad y controlada por el ejercicio del poder violento, en otras palabras, en presencia del mal?”.
El Papa respondió diciendo que “la crueldad está en todas partes, fría, calculada para arruinar al otro”... “Sabemos cómo comienzan los populismos: sembrando odio”... “El éxito en la vida no es la gloria, sino la paciencia”...
La joven colombiana Jennifer Tatiana Valencia Morales le preguntó si se siente cambiado después de escuchar las historias de los viejos. El Papa le respondió que oyendo a los ancianos se encuentran las raíces; y que si estas se cortan, el árbol no crece ni da fruto.
Rosemary Lane preguntó a Francisco qué diría como abuelo a los jóvenes que quieren construir un futuro que esté a la altura de sus sueños. Él respondió, recordando la letra de una canción de Domenico Modugno: “Hay que soñar... y hacerlo sin vergüenza... Porque los sueños deben defenderse como hijos”.
Y mostró un ícono antiguo en el que aparece un joven monje que camina llevando sobre sus hombros a un anciano. El anciano sueña y narra al joven lo que ve, para que el joven sea capaz de avanzar por el camino.
Luego dijo: “Solo si nuestros abuelos tienen el coraje de soñar y nuestros jóvenes profetizan grandes cosas, nuestra sociedad irá adelante. ¡Necesitamos abuelos soñadores! Si los ancianos no sueñan, los jóvenes no pueden ver el futuro”. Son ellos “quienes inspiran a los jóvenes a avanzar con la creatividad de la profecía. Hoy los jóvenes necesitan los sueños de los ancianos para tener esperanza. De lo contrario, estamos perdidos”.