“LA SOSPECHOSA”
Por KENDRY SERRANO*
kendryserrano@gmail.com
¿Qué hay detrás de la frase “usted es la sospechosa” de haber cometido el delito, sin argumentos de peso, sino un acto de discriminación por ser una mujer negra?
Esto fue lo que me sucedió el martes de la semana pasada cuando, como periodista, estaba cubriendo la conferencia de la Universidad del Rosario, ‘Ética pública: responsabilidad de todos’. Allí fui acusada, sin pruebas, de ser la “sospechosa” de haber robado el bolso de un conferencista. Solo a mí me pidieron mostrar las pertenencias para verificar que una de las dos maletas que tenía conmigo no era la que buscaban (una era de la fotógrafa que me acompañó).
Esta solicitud fue hecha inicialmente por una funcionaria de la universidad. La señora se acercó al sitio donde estuve ubicada desde que llegué al evento y me preguntó si ambos bolsos eran míos. Yo, siendo consciente del tono de la pregunta, le contesté que sí y le contrapregunté sobre el porqué de la duda. Respondió que lo hacía debido a que se había perdido un bolso. Inmediatamente le cuestioné por qué solo me hacía el requerimiento a mí y no a las cientos de personas alrededor. No me contestó.
Me dispuse a trabajar pensando que el tema quedaría allí. Me equivoqué. Al minuto estaba rodeada de seis personas más, entre los que se encontraban el conferencista, varios funcionarios de la universidad y personal de seguridad.
Estas personas me exigían mostrar el bolso de la fotógrafa. Me negué por las siguientes razones: no entendía por qué solo a mí me hacían tal petición y porque los únicos autorizados para hacer requisas son los agentes de Policía. Ambas razones las expresé. El personal solo reiteraba que era “la sospechosa”, pero ninguno supo explicar los motivos por los que yo había sido catalogada de esta manera habiendo tantas personas en el recinto, pese a que se los demandé repetidamente.
A todos los que me rodearon les parecía simple el hecho de que me dejara requisar, pero no es así, porque me estaban prejuzgando y acusando de un delito frente todo el auditorio, sin tener razones válidas para hacerlo, debido a que me mantuve alrededor del mismo sitio y jamás me acerqué al conferencista durante el evento.
En un momento dado, un funcionario de la universidad me preguntó por qué estaba allí. Yo respondí que era periodista y que era magíster de esa universidad. Me exigieron que les mostrara mis credenciales y así lo hice. Ante esto, el hombre me dijo que el ingreso era restringido e insinuó que mis carnés eran falsos y que no debía estar en el sitio.
Todo llegó a su fin cuando la fotógrafa salió para enviar las imágenes y tomó su bolso. Ahí se dieron cuenta que la maleta que buscaban no la tenía en mi poder. Uno de ellos, me dijo: “era tan fácil dejarte requisar”. Todos se fueron y no obtuve ni siquiera una disculpa.
¿Era tan fácil dejarme requisar bajo el argumento de ser la única que podía haber cometido el robo? ¿Hay alguna razón distinta a la discriminación que les permitió concluir que yo era quien podía haber hurtado la maleta? Mi conclusión es que no, porque nadie supo explicar los motivos de tal acusación y naturalizaron que yo, una mujer negra, sentada en la entrada del recinto, era “la sospechosa”.
* Periodista de Colprensa.