LA SUCIA MEDELLÍN
Por JESÚS ORLANDO CHAVARRÍA H.
Corporación Universitaria Americana
Facultad de Contaduría Pública, tercer semestre.
chavarriajesus387@gmail.com
Lástima. Lástima es la que me produce y se cimenta cada día en ese esplendoroso momento disfrazado de positivismo, al abrir mis ojos y asomarme por la ventana esperando ver alrededor de mi hogar un magnífico paisaje cubierto de una capa, cada vez más exclusiva y escasa, verde, que sirve de hogar para miles de seres vivos que habitan y le dan grandes cantidades de alegría, diversidad y, lo más importante, vida a nuestra ciudad.
Más lástima me da ver los posicionamientos en cuanto a la problemática ambiental por la que estamos atravesando. A veces me gustaría pensar que estoy sumergido en un tipo de circo donde, de manera gratuita, nos prometen –y cumplen con la promesa– de entretenernos ante historias maléficas. Curiosas me parecen, la verdad, distintas acciones, como la del famoso pico y placa ambiental, una medida que, más allá de buscar la solución a la contaminación en la que todos estamos sometidos, busca el aprovechamiento de la situación para el aumento del recaudo económica, claro está, en concepto de sanciones. Mientras me movilizo con mi cicla en un paisaje gris y un tanto apagado, me pregunto: ¿realmente la solución será restringir la movilización de vehículos durante una franja horaria? Y es ahí, donde de manera automática, me teletransporto a mis primeros años de vida, donde mis padres me hacían ver la importancia de cuidar el medio que nos permite ser quienes somos hoy.
Me produce un sentimiento de indignación ver las tuberías feas y cancerígenas del llamado transporte público escupir ese aire un tanto repulsivo que, muy difícilmente, nos deja ver esa Medellín pintada de verde.
Creí haber desarrollado mi adolescencia en una ciudad donde los árboles verdes caracterizaban cada una de las entrañables calles que componen la ciudad, donde los más pequeños sabían y entendían la importancia de cuidar y velar por la ciudad primavera.
Son las 7 de la mañana, como se torna cotidiano en mi vida diaria, suena la alarma que me avisa un nuevo día, compuesto de estudio, deporte y socialización. Todo parecía un sueño terrorífico, de esos que te provocan deslumbrar la mente y despertar empapado de sudor... pero no, es una triste realidad que se repite día tras día.
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