LA TENTACIÓN PRUEBA LA FE
Comenzamos la caminata cuaresmal hacia la Pascua y esta caminata está enmarcada, como todo itinerario, por la meta a la que lleva. La Pascua es una fiesta de cambio, que consiste en pasar con Cristo de la muerte a la vida para vivir con él su vida de resucitado.
Apenas estamos en los albores de la cuaresma, y la Palabra de Dios es la mejor compañía en esta travesía hacia la Pascua.
Jesús, después de “entronizarse” en el bautismo, se fuga al desierto inmediatamente porque quiere evitar a toda costa el triunfalismo mesiánico.
En el desierto Jesús es tentado por Satanás y vive entre animales salvajes. Esto quiere decir que Jesús vino a poner en órbita el proyecto originario de la creación: él no es un ser aislado de la historia, sino algo que debe impulsar la historia desde dentro según los planes primitivos del creador.
Jesús, entonces, va al desierto a ser tentado como acto inaugural de su ministerio, movido por el Espíritu Santo. Él es el Cristo, el pleno del Espíritu, el dador del Espíritu, es el dócil del Espíritu. El número simbólico de cuarenta es un número que expresa el periodo perfecto de preparación para el encuentro con Dios.
Jesús quiso someterse a la tentación para ayudarnos a nosotros a vencerla. Es lo que pedimos siempre en el Padre Nuestro. La tentación prueba la fe, perfecciona y purifica el amor. Y Jesús va adelante, abriéndonos el camino.
Jesús inicia su ministerio dándonos un mensaje cuaresmal perfecto: “Se ha cumplido el tiempo”. Esta cuaresma es la ocasión para salvarnos, es una nueva oportunidad valiosa para mejorar. “El Reino de Dios ya está cerca”, vamos hacia las fiestas pascuales, don de la vida nueva en Cristo resucitado.
El Evangelio es Buena Nueva, realidad clara y bella, felicidad y fuente de plenitud, es de hoy y para hoy. “Arrepiéntase y crean en el Evangelio”.
Bienvenida la Cuaresma.