Columnistas

La tiranía de los genes

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10 de febrero de 2015

Está en cartelera de las salas de cine, The theory of everything, en español se traduce como la Teoría del Todo, y en la cual se ilustra la vida del científico Stephen Hawking, quien es considerado el físico teórico más brillante desde los tiempos de Einstein. Aclaro que no soy ninguna experta en cine como para decir que una fotografía de una película es muy buena, pero las actuaciones y en general la película me pareció muy apegada a la realidad del científico. El drama con el que me identifiqué profundamente, me hizo pensar en la tiranía de los genes.

Me identifiqué profundamente porque también tengo, léase que no padezco, una enfermedad que me hace usar silla de ruedas y aclaro, no es la misma del científico. Según el Ministerio de Salud en 2012, se registraron más de 12 millones de consultas médicas para mujeres y más de 5 millones para hombres. Un número significativo de los diagnósticos de estas consultas, los médicos las asocian con alcoholismo o el tabaquismo o temas hereditarios asociados a la genética. Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, el 80% de las enfermedades crónicas y el mismo porcentaje de las enfermedades raras, como la del científico y la mía, tienen orígenes genéticos.

Al respecto, surgen alternativas de resistencia ante el imperativo genético como la Epigenética, una revolución biológica que sobrepone el cerebro y otras condiciones externas a las raíces genéticas. El otro día escuché una conferencia en youtube del científico estadounidense Bruce Lipton, en la que se refería al cerebro humano como un verbo y no como un sustantivo, en tanto que constantemente tiene sus propias dinámicas que inciden directamente en nuestro lenguaje y creencias, y estas, en nuestras acciones.

El científico norteamericano sustenta sus teorías en el hecho de que el 37% de las personas son portadoras de genes asociados al cáncer, pero menos del 25% de los portadores desarrollan la enfermedad. Sin embargo, la OMS prevé que el número de nuevos casos aumente en aproximadamente un 70% en los próximos 20 años. ¡Con razón! Durante el discurso del estado de la unión el pasado 20 de enero, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pidió al Congreso la financiación de un plan avaluado en 215 millones de dólares, con el objetivo de incrementar la investigación de tratamientos médicos que se ajustan a los datos genéticos de los pacientes.

¡No quiero sonar conspiretas, pero la tiranía de los genes resulta muy rentable en el futuro!

Son bienvenidos todos y cada uno de los avances en investigación médica, pero también debemos conocer las posibilidades y oportunidades en el desarrollo del cerebro, un órgano que consume el 14% de la energía total y solo equivale al 3% del cuerpo en masa. Como ciudadanos del conocimiento debemos ser objetivos frente a la genética. Considero como uno de los riesgos de esclavizarnos ante la tiranía de los genes y pasar por alto la infinidad de nuestro cerebro humano, uno de los factores determinantes de nuestra naturaleza como seres racionales, esto explica los horrores actuales de conceder a otras especies como los delfines o los simios la categoría de personas, por el simple hecho de tener inmensas coincidencias en la estructura genética.

¡Como si respetáramos mucho las diferencias! ¿Si no los tratamos bien como animales y hacemos salvajadas como las corralejas y las corridas de toros, los vamos a tratar mejor como seres humanos? ¿O será qué tan mal estamos y nos percibimos tan insignificantes, como para pensar que la condición genética define el hecho de ser persona? ¿Dónde queda nuestra capacidad de elegir libremente las decisiones de nuestra vida, si lo entendemos todo desde la tiranía de los genes, bajo la cual no tenemos nada que hacer al respecto más allá de cuidados paliativos?