Columnistas

LA VERDADERA GUERRA CIVIL EN EL PARTIDO DEMÓCRATA

Loading...
28 de julio de 2017

Por LEE DRUTMAN
redaccion@elcolombiano.com.co

A medida que los demócratas tratan de unirse en torno a su nueva agenda de “Mejor Negocio”, la supuesta batalla entre la izquierda “socialista” y el centro “corporativista” parece haberse derrumbado en un eslogan suave pero útil, con una agenda económica razonablemente progresista que Elizabeth Warren y Charles Schumer pueden apoyar. Hasta ahí llega esa guerra civil de partido.

Pero los demócratas todavía no deberían estar anunciando la unidad del partido. El debate económico-izquierda-contra-centro siempre ha sido primordialmente elitista.

Entre las filas demócratas, la división más consecuente es entre aquellos dispuestos a confiar en el establecimiento existente y aquellos que quieren un liderazgo completamente nuevo. Es una división que los líderes del Partido Demócrata ignoran a su propio riesgo.

Observé divisiones entre los entusiastas del senador Bernie Sanders y los partidarios de Hillary Clinton. La mayoría de los votantes demócratas generalmente están de acuerdo en los principios básicos: la desigualdad económica es un problema; el gobierno debe hacer algo para ayudar a los menos favorecidos; la diversidad es una fortaleza. Es por eso que llegar a una agenda compartida “Mejor Negocio” era relativamente fácil.

Pero sí encontré un sector de notable discordia entre los partidarios de Clinton y Sanders.

La mayoría de los miembros del establecimiento del Partido Demócrata son pragmatistas que llegaron a donde están trabajando dentro del sistema que ya existe, no el que quisieran que existiera. Frecuentemente sienten frustración que tiende al desprecio hacia aquellos que no tienen su terco realismo.

Dichas divisiones reflejan un mal que enfrentan ambos partidos: en una palabra, como lo señalan los politólogos Daniel Schlozman y Sam Rosenfeld, nuestros partidos son “huecos”. Los partidos, escriben, “no son organizacionalmente robustos más allá de sus papeles de recolectar fondos ni son percibidos como una presencia real y tangible en la vida de los votantes o en el trabajo de los activistas comprometidos”.

No es de extrañar que muchos votantes desconfían de las instituciones y del establecimiento. Su compromiso con el partido consiste principalmente en recibir correos electrónicos de recaudación de fondos destinados a reforzar la conformidad programática mientras activan el miedo y el resentimiento hacia la otra parte.

Los republicanos ya han sufrido los costos de alimentar a sus partidarios con una dieta tóxica de propaganda antidemócrata. Terminaron con Donald Trump como el portador de sus estándares. Los demócratas no deben cometer el mismo error.

¿Qué tal si, en lugar de gastar miles de millones en asesores, avisos de televisión y publicidad por correo diseñados para fomentar el partidismo de suma cero, los líderes de los partidos y los donantes afiliados invirtieran en aumentar el personal remunerado de las organizaciones locales del partido, y luego buscaran conseguir sus opiniones y consejos?

Con una inversión real, las organizaciones comunitarias podrían ayudar a los votantes demócratas a sentirse verdaderamente invertidos en su partido, incluyendo darles un papel más importante para ayudar a desarrollar y seleccionar candidatos locales. Los votantes podrían apreciar más los desafíos reales de ganar una mayoría -en lugar de sólo gritar en sus páginas de Facebook sobre cómo el establecimiento del partido es corrupto.

También ayudaría a los líderes del partido demócrata a entender mejor lo que las comunidades por todo el país están pensando, en lugar de depender de consultores costosos con análisis de datos que con demasiada frecuencia es un indicador atrasado o simplemente “demuestra” lo que los consultores han estado diciendo durante décadas.

Si los demócratas tienen que moderar su mensaje para el 2018, organizadores locales probablemente lo sabrán y tienen una idea de cómo hacerlo. Si los demócratas tienen que agudizar su mensaje para motivar a votantes reticentes, estos organizadores deberían saberlo también.

En última instancia, el desafío que enfrentan los demócratas en su partido es el desafío de la democracia en sentido amplio.