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LA VERDADERA RIQUEZA ES LA QUE PERDURA

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31 de julio de 2016

Jesús no desaprovechó las ocasiones que se le presentaban para invitar a una orientación recta de la vida.

Por eso, ante la petición que le hace alguien para que le ordene a su hermano repartir su herencia con él, lo invita a descubrir lo que es la verdadera riqueza. Tal es el sentido de la parábola del granjero insensato (Lucas 12,13-21). Se trata de una reflexión contra la codicia, que tiene como resultado la avaricia, uno de los llamados “siete pecados capitales”. En los cálculos que hace el granjero solo entra él, nadie más. Por ninguna parte aparece la idea de compartir o de hacer algo por los demás. Es un perfecto egoísta. San Ignacio de Loyola (31 de julio), de familia acomodada y que lo dejó todo para seguir el llamamiento de Jesús, escribió que la primera tentación de los seres humanos suele ser la “codicia de riquezas” [Ejercicios Espirituales -142].

“Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato”. Este verso del Salmo 90 (89) es una petición para reconocer lo transitorio de la vida presente y que lo importante es acumular no riquezas pasajeras sino bienes espirituales con valor perdurable. San Pablo (Colosenses 3,1-11), hace una invitación en este mismo sentido: “Aspiren a los bienes de arriba, no a los de la tierra (...) Despójense de la vieja condición humana”. Y entre las características de esta “vieja condición” enumera “la codicia y la avaricia”, diciendo que esta es una idolatría. ¡Qué lamentable es la vida de quienes se postran ante este ídolo, dejándose arrastrar hacia la corrupción, la traición, la explotación de personas, hasta llegar a los crímenes más abominables, para satisfacer los caprichos de la ambición de poseer! En nuestro país esta idolatría ha sido incentivada específicamente por el narcotráfico.

“Así será quien amasa riqueza para sí y no es rico ante Dios”, dice Jesús al concluir la parábola. Y ¿qué es ser rico ante Dios? Para responder, conviene ver lo que sigue en el mismo capítulo 12 del Evangelio de Lucas: no afligirse por la búsqueda de lo material como si fuera el fin supremo, sino buscar ante todo “el Reino de Dios y su justicia”. Lo demás vendrá por añadidura (Lucas 12,22-31).