Columnistas

LAS COSAS PEQUEÑAS DE LA VIDA

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26 de julio de 2017

Por Eduardo Gaviria Isaza
Universidad Pontifica Bolivariana
Facultad de Derecho, 4° semestre
gaviria.isaza@gmail.com

No sé si les ha pasado que sienten que a su vida, en un momento dado, le está sucediendo cosas muy importantes, cosas que ni uno mismo a veces llega a comprender. Y en esos momentos, cuando se piensa, parece como si las demás cosas del mundo estuvieran diseñadas para estorbar o decorar. Se nos olvida de lo grande que pueden llegar a ser las pequeñas cosas. Ya los buenos días de un ser querido pasan desapercibido, las historias que nos cuentan parecen aburridas, el tener privilegios como la comida o la ropa, o el trabajo o el estudio pasan a ser cosas normales, e incluso se nos olvida mirar a los ojos cuando nos hablan. No les podría decir qué está bien o qué está mal, porque como todo humano me equivoco; pero lo que sí puedo decir (o mejor dicho, recomendar) es que no nos caería mal darle un poco de mayor importancia a esas cosas que al parecer carecen de importancia.

En estos días alguien me dijo una frase que más o menos decía que “para cambiar el mundo, primero tengo que comenzar por cambiarme a mí”. En su momento esa frase me encantó, pero luego me di cuenta que tiene un simple error. Creo que las personas no debemos cambiar bajo ninguna circunstancia, porque hemos sido criados bajo unos valores y unas ideas que han marcado nuestro carácter desde el primer regaño que recibimos de nuestras mamás. Sin embargo, lo que sí creo es que es nuestro deber hacer que cuando estemos junto a otros, esas personas se sientan cómodas con nuestra presencia, es decir, que nuestra estadía allí haga de un ambiente mucho más amigable y mucho más placentero que si no.

No hay que hacer la gran cosa, con detalles pequeños diarios basta. Y si no sabe cómo, acá le doy unos ejemplos: saludar y despedirse; agradecer, sonreír, no hablar mal de las demás ni entrometerse en su vida personal, perdonar, apoyar a los otros y, sobre todo, querer, y no como una palabra de cajón, sino de verdad; y si hacemos todo ello, al final nos daremos cuenta que las cosas pequeñas terminan siendo muy grandes.

“No es cierto que las cosas valgan porque la vida importe. Al contrario, la vida importa porque las cosas valen”. Nicolás Gómez Dávila.

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