LAS ENCUESTAS QUE IMPORTAN
No solo los votantes hacen estas preguntas. En la víspera del día de elecciones en el 2012, como administrador de la campaña de reelección del presidente Barack Obama, me pidieron que me reuniera con él en un rally en Milwaukee.
“Gallup me tiene detrás por tres puntos, y otras encuestas me tienen atrás, empatado o con apenas una pequeña ventaja”, dijo el presidente. “Sus modelos dan esta campaña básicamente por terminada. ¿Por qué tenemos nosotros la razón y ellos no?
Las mejores campañas no se preocupan por las encuestas nacionales, punto. En la campaña del 2012 nos centramos en un “informe de oro”.
En Milwaukee le aseguré al presidente que el informe de oro estaba pronosticando una victoria, con 332 votos electorales. El día de elecciones, ese fue el número exacto de votos electorales que el presidente consiguió.
Hoy las campañas pueden dirigirse a los votantes tan bien que pueden personalizar conversaciones. Es la única forma, cuando un candidato pregunta sobre el estado de la elección, de ofrecerle una verdadera evaluación.
Hillary Clinton puede hacerlo. Según mi conocimiento, Donald J. Trump, quien ha dicho que no le importan los datos en las campañas, no lo puede hacer.
Cuando comenzamos el esfuerzo para la reelección del presidente, inculcamos una cultura de equipo en la cual nuestras conjeturas fueron puestas a prueba y nuestro trabajo constantemente era medido y refinado. Ningún detalle fue ignorado: hicimos un estudio sobre cuán lejos debería estar el puesto de recepción de la puerta principal de una oficina local de campaña para hacer que los voluntarios se sintieran bienvenidos.
Los cálculos numéricos que hacen las campañas finalmente llevan a un rally en el gimnasio de un colegio en un estado que es importante - algo que les convendría a los yonquis políticos recordar en los últimos días de estas elecciones.
Por ejemplo, en días recientes Trump ha hecho campaña en Nuevo México, un estado que no tiene posibilidad de ganar. Los candidatos pueden conseguir más dinero y ajustar su mensaje, pero lo que no pueden hacer es crear más tiempo.
“Macrodatos” es una palabra de moda pero el concepto es anticuado. Las campañas han entrado en la era de “microdatos”. Enormes cantidades de datos frecuentemente son menos útiles para comprender al electorado que uno o dos datos clave, por ejemplo, cuál asunto es más importante para un votante indeciso en particular.
Con “microdatos” las campañas pueden tener conversaciones directas y personalizadas con los votantes, tanto en internet como en vivo, como un aviso en la página de Facebook de un votante que se refiere a un asunto que apasiona al votante. En 2016 vemos que las tasas de involucramiento político (especialmente con votantes jóvenes) están por lo alto.
Es por eso que las campañas ya no les prestan atención a las encuestas públicas, las cuales con frecuencia usan conversaciones con unas cien personas para hacer predicciones sobre todo el electorado. Conseguir una muestra verdaderamente representativa se ha vuelto aún más difícil debido al creciente porcentaje de hogares con solo teléfonos celulares, la cantidad de votantes que prefieren hablar en un idioma diferente al inglés y la dificultad para contactar a votantes jóvenes, quienes generalmente no tienen teléfonos fijos.
Cuando trabajo con campañas, prefiero centrarme en modelos sofisticados para hacer predicciones sobre comportamiento específico de los electores. Podemos identificar a los votantes clave, no solo grupos grandes como “mujeres independientes” con quienes queremos comunicarnos en cada etapa de las elecciones, y lo que queremos decir para persuadirlos o recordarles que salgan a votar. Por ejemplo, campañas en la Florida ya no ven al electorado cubano-americano como un monolito, sabemos que los votantes cubano-americanos más jóvenes apoyan mucho al partido demócrata.
Esto se observa claramente en las cifras de votos adelantados. A medida que entramos en los últimos días del ciclo de elecciones del 2016, el dinero inteligente se apuesta sobre las campañas, como la de Clinton, que utilizan el poder de los datos para encontrar todos los votos que puedan.