LAS GAFAS ESTÁN EN LA ONDA, POR Qué LOS AUDÍFONOS NO?
Por JENNIFER FINNEY BOYLAN
redaccion@elcolombiano.com.co
Si hago bien mi trabajo, esta columna podría cambiar su vida. Más importante, podría cambiar las vidas de las personas que conoce.
Pero primero tenemos que hablar sobre los lentes de Elton John. Era mi primer concierto. Philadelphia Spectrum, 1972. Elton abrió con “Tiny dancer” (Diminuta bailarina) en el piano. Más tarde, durante “I think i’m going to kill myself”, un personaje llamado Legs Larry Smith salió y bailó tap.
Pero nada de esto es lo que mejor recuerdo. Lo que ha permanecido conmigo todos estos años han sido esos elegantes lentes. Las luces que inundaban el escenario brillaban en sus bordes.
En ese entonces, yo también llevaba lentes. Hasta ese momento nunca había pensado en ellos como una declaración de moda. Simplemente pensaba en ellos como una forma de existir en el mundo.
Pero claro está que los lentes eran, y son, una declaración de moda. Las gafas prácticamente definen el estilo de ciertas personas. Teddy Roosevelt y sus pince-nez. Iris Apfel y sus lentes circulares. El Sr. Peanut, balanceando un monóculo. Cuando tenía unos 20 años conocí a una chica con la visión perfecta que incluso tenía un par de gafas transparentes diseñadas para ella. “Para lucir hermosa”, explicó, “cuando me los quite”.
¿Por qué, me pregunto, es que los aparatos para evitar la ceguera son celebrados como moda pero los aparatos para evitar la sordera son vergonzosos? ¿Por qué es que el mayor halago que alguien puede dar sobre sus audífonos es “casi ni los puedo ver”?
La pérdida del oído es endémica, y no solo para la gente mayor. Casi uno de cada 4 americanos entre las edades de 20 y 69 años que creen tener buen oído en realidad tienen algún impedimento del oído. Entre las personas en sus 50, 4.5 millones tienen alguna pérdida del oído. ¿Cuantos usan aparatos que les permitirían escuchar mejor al mundo? Menos del 5 por ciento.
Llevar audífonos puede cambiar su vida en un instante -y ni hablar de sus seres queridos, cuyas voces actuales usted tal vez no había podido escuchar. Pero no conseguimos ayuda. Porque la cobertura de las aseguradoras es inconstante. Porque no sabemos cómo ni dónde hacernos examinar el oído. Porque tenemos miedo de lo que otros podrían pensar. Porque la pérdida del oído no es sofisticado.
Esto tiene que cambiar. Empiece por el seguro: los audífonos pueden ser costosos, pero lo empleadores tienen que saber que las personas que no oyen bien no pueden hacer tan bien su trabajo. La educación también importa.
Lo primero que puede hacer es examinarse el oído; esto ayuda aunque no crea que tiene pérdida de oído, para tener un punto de referencia base.
Un 90 por ciento de la pérdida del oído es ‘neurosensorial’, usualmente causado por daños a células de cabello en el oído interno. A veces es el resultado de haber sido expuesto a ruidos altos (como conciertos en el Spectrum).
La nueva tecnología permite que los que la portan puedan centrar su atención en la persona que tienen al frente mientras que cancela lo demás. Usted puede controlar cuánto quiere amplificar o cancelar los sonidos del mundo simplemente usando un app gratis en su dispositivo móvil. Y se ve bien -yo recientemente porté un aparato como este para una fiesta en la que, por primera vez en años, escuché todo lo que todos estaban diciendo. Cambió completamente la forma en la que yo estaba viviendo el mundo.
Cuando primero supe que tenía pérdida del oído seria (después de una vida entera tocando en bandas superruidosas), llamé a mi esposa por teléfono, y mientras le conté sobre mi diagnóstico me puse a llorar. “Siento mucho que tengas que estar casada con alguien como yo”.
Mi esposa, una mujer tolerante de cualquier medida, se rió. “¿Realmente pensaste que te iba a dejar porque tienes audífonos?”, dijo.
Pero de alguna manera se me había olvidado que por mucho tiempo el mundo ha estado repleto de personas como yo.
Siempre me ha encantado esa canción con la que abrió Elton en el Spectrum. Tengo una amiga a quien también le encanta. Aunque una vez, cuando la oímos en la radio, me pregunto: “Hey, espera. ¿Por qué está cantando, ‘Apriétame más’, Tony Danza?”
“Es ‘Tiny Dancer’”, expliqué. “No Tony Danza. Tiny Dancer.”
“Obvio, Jenny, -yo sé”, dijo. “¿Realmente creíste que yo era sorda?”.
Era un chiste, claro, y ella se rió. Como si la idea completa fuera chistosa, como si nuestro oído fuera un don que nunca podríamos perder